domingo, octubre 24, 2021

Metro

Eduardo F. Naranjo C.

Solo opacidad e incapacidad administrativa explica que nuestra esperada obra de movilidad siga en el limbo. El proyecto Metro del municipio de Quito se inició hace ocho años y hasta el presente no hay esperanza de verlo en acción.

Los electores somos casi ciegos porque en general la manipulación mediática nos conduce a optar por cualquier ‘fantasma’, producto de esta construcción política; más aún, el voto universal permite elegir a ciudadanos y ciudadanas poco informados y emocionales que por obligación santifican a cualquiera.

La gran solución para la movilidad se inició con entusiasmo y esperanza. Pasaron tres alcaldes y seguimos esperando. Un análisis público, hecho días atrás por gente de experiencia, señalaba que  hay aún numerosos pasos que dar, incluso encontrar gente calificada que pueda acertar para dar solución a todos los aspectos de orden técnico-económico, que requiere el sistema de transporte de la ciudad capital.

Todo el tiempo alcaldes y concejales no parecen andar juntos. En vez de buscar soluciones se pasan en oscuras maniobras políticas que afectan la eficiencia de la gestión municipal. La última experiencia con el exalcalde resultó fatal. De entrada sonaron los negocios particulares, clásica actitud de la mayoría de participantes en nuestra política, lo que implica corrupción habitual que se cubre con dinero y otros favores; increíble el nivel al que hemos llegado como sociedad.

El transporte público con el sistema metro mejorará enormemente, a la vez que aportará  a mejorar el ambiente y reducir tiempos, que es vida y dinero. Sin embargo, al parecer, el asunto está para largo, según los especialistas, sumando intereses particulares que buscan beneficios en desmedro del interés colectivo, nos tendrán viajando como sardinas en el sistema trole y buses existentes. Cosas clave no se hicieron, como continuar el túnel hasta La Ofelia, cuando la máquina estaba disponible y el costo era menor. ¿Por qué? Falta de visión y gestión, o intereses de los pícaros de siempre.  Nuestra metropolitana capital, dispersa por montes y valles, encara días difíciles en el corto plazo. El tiempo es corto para la actual administración. Veremos qué distancia hay entre el dicho y el hecho.

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