Riqueza y pobreza

La libertad es concepto intelectual, como acción, instintivo deseo de no tener dueños, la pobreza es sumisión, la riqueza dominación. Siglos bregan los humanos por alcanzar los límites posibles. ¿Quién puede guiar el camino?

Los recursos naturales son riqueza de las naciones, los pueblos que los aprovechan son poderosos, los que dejan que otros lo hagan viven pobres y pueden ser motivo de guerras e invasiones.

Ecuador rico territorio, posee agua, recursos ictiológicos, forestales, tierras de cultivo y minerales, oro, plata, cobre, petróleo, gas y quien sabe que más, lamentablemente distantes del desarrollo alcanzado por otros, quizá falta de honestidad y entrega, o visionarios como en su momento, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, que pese a su sacrificio no lograron sus mayores objetivos, fueron víctimas de ambiciones de entornos envenenados, lección de la historia que explica por qué tanta pobreza cuando la riqueza está ahí.

Es muy difícil enderezar las cosas cuando el planeta se halla dominado por gigantescos oligopolios que ponen y disponen a los gobiernos las directrices para acrecentar su poder, agotamiento que explica la insurgencia de jóvenes líderes frente a nuestros países que llegan con sueños que difícilmente los alcanzarán. El 70 por ciento de la riqueza mundial está en manos de contadas corporaciones; la famosa Black Rock es con certeza quien domina gran parte de la riqueza mundial.

La estadística, herramienta para el bien y el mal, muestra cuántos pobres y cuántos ricos y cómo se distribuye la riqueza. Piketty en su libro ‘Capital e ideología’ muestra los datos de la desigualdad mundial y la percibe como un problema ideológico y político que requiere soluciones superando los viejos y grandes escollos, como la corrupción y los dogmas apoderados de la política y la riqueza en poquísimas manos. Encrucijada, la  manipulación y la falsedad en las redes someten las mentes y estas están en manos de los poderosos.

Nuevas cadenas

Salió a la luz una inusitada estrategia que se fragua en los Estados Unidos, con la potencial aprobación de una ley que a pretexto de “cooperación bilateral” con nuestro país, introduce un texto para plantar un modelo supremacista a los intereses de ese país y bloquear nuestras libres relaciones de cooperación con otros países.

Es pública la alerta realizada por varios catedráticos del Derecho Internacional, así como  el reclamo de un diálogo amplio para ilustrar sobre los potenciales efectos negativos de tal proyecto.

El diplomático e internacionalista Pablo Villagómez puntualiza que se pretende manipular el Derecho Internacional para someternos a intereses extranjeros. Señala que este proyecto es “ un recurso retórico que busca ocultar sus fines prácticos…que son los intereses y objetivos de la política exterior de los Estados Unidos a escala regional y mundial”.

El diplomático analiza en su documento que se pretende bloquear a China como socio comercial para facilitar la “penetración de las empresas transnacionales norteamericanas con el consiguiente despojo de los recursos naturales”. Sostiene que “es evidente que la ley no toma en cuenta ni la estructura constitucional del Estado ecuatoriano, ni los principios que rigen las relaciones internacionales con todos los países del mundo, sin excepciones de ninguna índole”.

Esta ley, según Villagómez: “constituye lo que en derecho internacional se denomina actos unilaterales de los Estados .. a fin de crear obligaciones jurídicas en otros Estados”, concluye.

Los expertos del derecho internacional han reaccionado frente a esta pretendida maniobra gubernamental, que solapadamente busca aceptar la jugada extranjera. ¿A quién beneficiaría? Seguro que no a la gran población que, sumida en su angustia diaria de sobrevivencia, podría dejar pasar esto sin tener en cuenta las nuevas cadenas que se impondrían gracias a los cómplices locales.

Decadencia

Las manifestaciones sociales en todo el planeta sugieren que la sociedad humana está en un momento complejo. La potencia del desarrollo cognitivo y tecnológico nos pone frente a interrogantes de diverso orden. El mundo cuántico, la edición genética, las creaciones mediante manipulación con biología molecular que conducen a la expectativa de “fabricar” células inmortales; sin embargo, la sociedad  muestra también actitudes que se creían superadas, como las guerras y el incentivo del odio.

Arthur Schopenhauer hace unos 200 años intuyó la raíz de los males en la falta de bondad y misericordia de la especie humana. Esto no ha variado y empeora con el crecimiento exponencial de las poblaciones. Estamos frente a escenarios poco esperanzadores porque, quizás por culpa de nuestra naturaleza, no hemos podido desarrollar sistemas de gobierno justos y equilibrados.

Sin embargo, en el conjunto de la población existe un pequeñísimo porcentaje de seres que proponen temas positivos para la convivencia y la paz. Su lucha por momentos parece estéril, pero muestran lo positivo del espíritu humano, que alcanza a comprender que todo ser vivo es digno de respeto.

Este grito de esperanza comienza por tratar de  salvar al planeta de la contaminación; lucha que a veces parece perdida, frente al inmenso egoísmo de quienes piensan en crear riqueza para el grupo sin importar el daño que causan al sistema de la vida planetaria.

Las soluciones serían posibles si cambiara la conciencia de los acumuladores de riqueza; de no alcanzarse esta utopía, la sociedad llegará a su trágico final. Sin el esfuerzo de estas élites, las probabilidades para la organización  social inmersa en un estado de decadencia son escasas. Los hechos muestran que apenas existe esperanza, pero, como dice el adagio, nunca hay que perderla. “La violencia no es natural, es cultural”, señala el filósofo José San Martin.

Petróleo al borde

La necesidad humana de “comprenderse” movió a la especie a crear mecanismos de relación y se inventó el lenguaje —que aportó al avance acelerado de la civilización—. Sin embargo, siempre hubo equívocos que provocaron guerras y masacres. Actualmente, en política el mensaje tiene muy baja probabilidad de contar una  “verdad”; con ello, agravan la pobreza en el afán de “regalar” nuestro petróleo, cambiando la forma de contratación.

Variedad de “fuentes informativas fabrican  múltiples verdades” y crean en las audiencias un suspenso de alto riesgo con el fin de manipularlas. Esto termina en el escepticismo colectivo, en  tanto la gente sin ética busca el poder solo para beneficiarse y retomar la explotación colonial de nuestros recursos.

El abuso de la “magia informática” nos trajo a la era de la posverdad, donde es imposible tener certeza sobre acontecimientos  y  actores; cada quien asume lo que mejor se acomoda a su creencia. La vida cotidiana muestra incremento de crímenes, guerras, ejecuciones a la carta y conflictos de toda índole. La hipocresía política maneja sus códigos como verdades y engañan a todos usando los medios cómplices; llevan a la sociedad a la soledad y desamparo, mientras roban sutilmente, en tanto quienes gritan contra la delincuencia y los atracadores de cuello blanco asumen su silencio.

El siglo pasado fue hegemónico de los grandes medios que tal vez comenzaron con intención de ayudar a consolidar sociedades democráticamente informadas, pero  terminaron sometiéndose al poder y defendiendo sus intereses, ocultando en la “intencionalidad del mensaje” la verdadera senda de las cosas.

Afrontamos momentos críticos al pretender cambiar contratos petroleros equilibrados, por un modelo probado como altamente nocivo para nuestra economía, en el que las petroleras buscan hacerse sin contemplación de toda la riqueza, ordenando a las gentes que tienen en el poder.

Percepciones

La expresión pictórica es el reflejo de una realidad que el protagonista capta y describe a través de sus trazos. Los primeros humanos dejaron sus huellas en las paredes rocosas de las cuevas que habitaron, describiendo lo que les maravilló. Los artistas actuales se han encargado de describir su mundo a través de escenas —descriptivas unas y crípticas otras— con relación al momento y circunstancias, expresando con color y formas su mensaje. Así hace el reconocido maestro Nelson Román, quien en su evolución   plasma  percepciones del  mundo actual intuyendo los peligros y transforma su creación en colores contrapuestos para mostrarnos su angustia ante lo que él percibe que viene.

Román acaba de inaugurar su nuevo estudio en un lugar muy adecuado, el centro colonial de la capital, en una casa restaurada conocida como “La Caponata”, ubicada en la esquina de Benalcázar y Manabí. Ahí también confluyen otros artistas; un lugar acogedor y adecuado para  visitantes nacionales y extranjeros.

La rehabilitación de esta casa patrimonial es un ejemplo de lo que puede hacerse con esas casas, muchas abandonadas y deterioradas, que podrían convertirse en interesantes negocios para los emprendedores. Al parecer no hay proyectos ni el interés del Municipio, menos del Gobierno, que también tiene su parte obligatoria, porque es la capital y esas calles y plazas recuerdan a quienes por allí han pasado. Con acciones y luchas populares se  dieron en  reclamo al olvido de los que, con promesas nunca cumplidas, llegan al palacio de Carondelet.

La presencia de este pequeño centro cultural, que dispone de un buen restaurante, con  ambiente de patio señorial, invita al pensamiento y los recuerdos. Este feriado, las calles y plazas del viejo Quito volvieron a la vida, incluido el aberrante misticismo de cientos de gentes que esperan de la divinidad para resolver sus angustias ya que los gobernantes solo ofrecen problemas.

El tiempo

08 La sentencia “el tiempo es oro” se siente más real que nunca. Una sociedad puede ser más eficiente si maximiza sus tiempos, en tanto el impacto sobre la economía es clave.

La idea generalizada de que el tiempo pasa hoy mucho más rápido no se debe a que el Universo se haya acelerado, sino que se trata de percepción. Años atrás los eventos parecían más lentos. Las actividades humanas daban sensación de ser largas y aburridas porque los flujos de información eran bastante reposados; hoy, frente a la gran explosión y difusión de información, nuestro sistema neuronal tiene la impresión que el tiempo se agota más rápido y percibe una “aparente aceleración”.

Es claro que las comunicaciones más veloces significan más dinero o pérdidas, según la situación. El reciente atasco de las cadenas mundiales de distribución, debido a varios factores, es evidencia de ello.

Los industriales no reciben a tiempo materiales, los exportadores tienen grandes problemas con el embarque y envío de productos, y lo mismo sucede en todo el sistema económico. Esto demuestra la enorme importancia que los gobiernos deben dar al desarrollo del sistema de infraestructuras, desde caminos vecinales hasta autopistas, puertos, aeropuertos, redes electromagnéticas, etc.

Si los gobiernos son incapaces de actuar, deben buscar soluciones mediante contratos “ganar-ganar” para estas obras, evitando la discusión “política” de que se haga o no. Para los productores, como para los ciudadanos, la demora en el transporte representa pérdidas. La infraestructura de conectividad es clave.

Quito tiene un metro 9 años abandonado y Pichincha la ampliación de la E35 desde la rotonda del aeropuerto hasta el empate en Otón, 20 kilómetros que atraviesan tres poblaciones densas y convierten un viaje de 15 minutos en uno de 45; tiempo perdido que es oro.

Solución o no

Estos días de marzo fueron candentes, con audacias al límite como la de los dos “banqueros prófugos” que, gracias a las enormes cantidades de dinero que amasaron ilícitamente y a la corrupción reinante — en parte sembrada por los mismos, a todo nivel y con el auspicio de abogados incrustados en el poder político y de similar calaña—, se atreven a demandar al Estado en cínica actitud seguros de su poder.

¿Cómo confiar en los gobiernos, si a cada paso conocemos las infamias más grandes que se producen dentro del sistema, en todos sus estratos, que evidencian una metástasis de ambiciones de toda clase y conducen hacia la tragedia social?

La clase política, incluida la justicia, es un lodazal de intereses que reflejan una sociedad desorientada y desencantada que ve inerme el desarrollo del acontecer y se resigna. En la red hay voces indignadas, unas con buena fe y otras no —se dice de todo—, pero nadie es capaz de liderar las masas, salvo grupos con intereses puntuales. Ecuador vive en desolación y desamparo. Lo único que levanta ánimos son los triunfos de la selección y de los valientes deportistas que ganan medallas, en tanto los politiquillos buscan fotos y abrazos para vender sus hipócritas imágenes.

Si no alcanzamos pronto un baño de verdad nuestra sociedad estará perdida. ¿Cómo lograrlo? Ahí está el dilema, puesto que el sistema “democrático” opera un mecanismo electoral de alta incertidumbre, que supera toda voluntad popular y  se burla en tanto se acomoda a los intereses de cuanto oro corra sobre el río en el que unos pescan más y otros menos.

Los académicos ofrecen discursos con soluciones que teóricamente suenan coherentes, pero llevarlas a la práctica y corregir la miseria ética de la supuesta clase dirigente no es asunto teórico, sino que se construye con límpidos ejemplos que no aparecen en el horizonte.

Parece que el continente de norte a sur padece estos terribles males. Hay poca esperanza de cambios positivos en cualquier dirección, porque el poder que distribuye beneficios impera como un caballo apocalíptico sobre la raza de  pícaros. Si esa es la norma de los tiempos, ¿qué esperanza queda a los pobres ciudadanos, que siguen su honesto camino con una carga de sufrimientos, que parece que nunca tendrá solución? Se perciben días difíciles en los que la emergencia de la izquierda puede generar una contraparte fascista.

Desintegración

Los acontecimientos a nivel mundial indican que el planeta vive una etapa de desintegración social. La tecnología actual permite que conozcamos en tiempo real el acontecer mundial y nos deja absortos ante todo lo que ocurre como consecuencia de una sistemática acción de olvido, por parte de las élites, de las necesidades de la gente. Esta omisión nos pone ante los escenarios actuales, que presagian la insurgencia de intereses de diferentes grupos que se aglutinan bajo sus propias creencias y principios y exigen sus derechos, apartando las banderas de países que se crearon de acuerdo al interés de quienes dominaban en el momento de su fundación.

Se percibe en todo el espectro acciones sistemáticas de toma del poder, por vía democrática, pero diferentes intereses aglutinados —unos por razones arcaicas pero coherentes, otros por derechos y nuevas identidades— y, así, ellos y ellas son los electores que en su momento decidirán quien gobernará un territorio limitado por fronteras imaginarias, en el que el concepto de “Patria” se diluyó.

Los estudiosos de las ciencias sociales habrán delimitado el concepto de “identidad” dentro de la idea fabricada de Patria; sin embargo, actualmente y dentro de cada país emergen grupos diferentes, que nunca fueron integrados sino, al contrario, discriminados y marginados, y reclaman identidad cultural y soberanía. La misma Ucrania muestra eso, y es pretexto de invasión.

La red electrónica conectó a todos. Al encontrarse, tomaron fuerza y ahora ponen en duda la capacidad de gobernar territorios y culturas diversas en armonía. Las identificaciones de grupo hacen la fuerza e imponen un nuevo modo de gobernar en las tierras de este planeta. Esto implica riesgos no previstos hasta hoy, como el sojuzgamiento por la fuerza. Aparentemente eso ocurrirá aquí, donde hay al menos 8 culturas y una permanente exigencia de derechos de parte de otros grupos.

Bicentenario

Historia es narración del pasado construido según los intereses de quienes manejan el poder. Fidedigno es quizá lo que los investigadores pueden lograr, sin embargo la documentación fuente primaria no asegura que lo escrito sea verdad completa e interpretada. Al igual que hoy, nadie conoce las relaciones  ocultas que  determinaron acciones recientes. La Historia se usa en diferentes contextos, incluso para venderse como creencia cívica.

Tres historiadores ecuatorianos de diferentes lugares del país, en reciente charla radiofónica, sostuvieron que la conmemoración del Bicentenario de la Independencia, no debería ser tal. Sirve más para que en ciudades  y pueblos se realicen actos conmemorativos,  en los que siempre habrá interesados en usar la fecha para “lucir políticamente” hablando de relaciones poco conocidas o falsas. Recordaron que la independencia fue un proceso en que se llevó “combatientes” amarrados para las batallas y en el que el escenario cambiaba —un rato un pueblo estaba en manos de un grupo y otro momento en el otro bando—.

Revisando relaciones no contadas, sugirieron que no fue una idea libertaria sino de oportunidad, la que movió a los descendientes de marqueses y nobles, que en su momento recibieron del Rey extensas tierras de cultivo y esclavos, a aprovechar la situación que atravesaba España y asumir el poder. De esta manera esas familias gozaron del privilegio de mandar hasta el siglo diecinueve, hasta la Revolución Liberal, que les trajo momentos de angustia.

Las cosas cambiaron con las ideas liberales y los sectores populares aliados con nuevos migrantes que hicieron dinero. Crearon una nueva ola emancipadora y buscaron tomar el poder. Los más avispados de las clases medias y populares, al igual que los nativos americanos, ya están en él, pero sin ningún compromiso con las necesidades liberadoras de este país.

Estos profesionales de la historia propusieron un cambio al  tono en la conmemoración republicana, que no fue hito ideológico de liberación del yugo. Mucho siguió igual. En todo caso, el enfoque bicentenario podría ser otro. Ilustrador, analítico y no repetitivo, al contrario, debería ser proyectivo de un esquema de nación que una y dé esperanza, que proponga un plan de cambio concreto y se cumpla, con el objetivo de refundar un país solidario y honesto más que nada.