Vacunas Johnson y Johnson

José Manuel Aguilar Reyes

En todo el mundo se comenta la posición inusitada de un grupo de obispos de la iglesia católica en los EE.UU, planteando un dilema ético-inmoral sobre el uso de una de las vacunas contra el Covid-19 producida en los EE.UU: la Johnson y Johnson, argumentando el uso en su contenido final, de células embrionarias de fetos abortados, cuya utilización va en contra de los principios que rigen a la iglesia, de mantener su postura en contra del aborto.

Este pronunciamiento causó revuelo científico, ocupando en este país, sitio relevante de análisis, cuya síntesis la resumo para conocimiento y orientación de mis conciudadanos ecuatorianos, que merecen fuentes técnicas de elevado valor, sumándose seguramente a las expresadas por prominentes científicos en mi país Ecuador.

En forma tácita y conforme a los pronunciamientos aludidos, no existe tal contaminación en ninguna de las vacunas producidas, hasta hoy en el mundo, incluida la cuestionada, como procederé escuetamente a explicar. Los laboratorios han estandarizado tres secuencias para la producción de biológicos humanos y veterinarios: a) Desarrollo del inmunógeno: b) confirmación de su potencia y c) Producción y distribución; en algunos de estos segmentos, para el caso de vacunas virales (como el caso actual), vienen utilizando por muchos años, células embrionarias procedentes de fetos humanos abortados en las décadas de los 60, 70 y 80, para multiplicar en esos tejidos al virus problema, denominándose “líneas celulares” que las mantienen clasificadas en verdaderos bancos de tejidos, siendo utilizadas cuando el caso lo amerite.
Para el caso de la vacuna indicada, los laboratorios utilizaron, para multiplicar el adenovirus vehiculizador del ARNm, las líneas PERc6, en los tres segmentos identificados, pero nunca células de fetos abortados últimamente, cuyo sobrenadante sea inyectado, como se podría colegir, hecho imposible que ocurra. El aspecto moral se produciría si se evita vacunar a la población.

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