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El jambato ‘resucita’ en las manos de Luis Coloma

NOV, 04, 2017 |

REPRODUCCIÓN. Una muestra de la gestación de los renacuajos en los laboratorios del Centro Jambatu.

Desde hace 30 años no se tenía re-gistros del anfibio y se la creía extinta. Tras un hallazgo en Cotopaxi, el biólogo y su equipo del Centro Jambatu han logrado reproducir la especie en laboratorio. 


¡Las piedras caminan? ¿Suben unas sobre otras y se pierden entre los culantrillos para luego saltar a las frías aguas de Limpiopungo? Quien fue niño a finales de los 70’ y caminó al pie del Cotopaxi recordará a esas andesitas vivientes… 


Se trataba de los jambatos (Atelopus ignescens), ranitas que, con su piel oscura y lobular en el dorso, pero casi naranja en el vientre, cubrían praderas y veras de arroyos particularmente en la Sierra norte.


Era una especie casi omnipresente durante siglos. Pero un día, las conversaciones de los abuelos ya no hablaban del jambato. Los saltos de agua en Los Chillos ya no contaban con este intrépido nadador. Ya ni siquiera en Chillogallo, al sur de Quito, se volvió a ver su parsimonioso caminar a la sombra de los matorrales en la vieja vía a Santo Domingo de los Tsáchilas.

 Rodaban por amor
Tal era la población de esta ranita que en el siglo XIX, el científico español Manuel Jiménez de la Espada narraba así su asombro: “Veíamos sus individuos a millares, cerca de los arroyos, charcas o lagunas. A orillas de la nombrada de la Mica, en el Antisana, comenzando el año de 1865, los sorprendí en la época de sus amores, y cuando los machos buscan a las hembras para ayudarlas al desove o fecundar los huevos. Perseguíanlas tan ciegos que, luchando por conseguirlas, al alcanzarlas, rodaban en pelotones, revueltos unos con otros”.
¿Qué pasó entonces? Luis Coloma ha consagrado su vida al estudio de anfibios. Con base en sus indagaciones, el adiós de los jambatos pudo producirse por una interacción de amenazas: el cambio climático, la degradación de los páramos, la multiplicación de hongos y virus, la ocupación de ríos y afluentes de la serranía por especies tan voraces como la trucha… Así, uno de los últimos registros del Atelopus ignescens data de marzo de 1988. Ocurrió en las alturas del Cayambe.


¿Adiós a otra especie?
El temor de científicos como Coloma es que el jambato se hubiese sumado a una lista de 200 especies de anfibios de los cuales ya no hay noticias en el país. De hecho, la ranita negra fue incluida, en 2010, en la lista de ejemplares más buscadas, de acuerdo con la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza.


El adiós de esta especie, sin embargo, solo fue un hasta luego. Fue una cruda alerta de casi 30 años para valorar todo lo que se puede perder. Un hasta luego, porque meses atrás, un niño de los páramos de Cotopaxi volvió a ver a estas piedras rodantes entre sembríos de alfalfa, en una zona en que la apertura de una carretera ha distorsionado el ambiente.


Coloma está al frente del Centro Jambatu, dedicado a la conservación de anfibios en el país. Cuando vio una fotografía del hallazgo no salía del asombro. Si se compara con la fe de un católico era como ser protagonista del pasaje de Emaús, cuando dos discípulos vieron a Jesús resucitado. Entonces el biólogo se trasladó con su equipo al lugar y recuperaron 45 ejemplares para intentar reproducirlos en sus laboratorios.


No fue tarea fácil. El reto: recrear con los más mínimos detalles un espacio similar al del hábitat de la ranita negra y eso incluye hojarasca, temperatura específica y agua con el mismo pH que la de los páramos.

¿Cómo criar a un jambato?
Prueba superada. La tenacidad de Coloma y su equipo dio frutos: 600 renacuajos vieron la luz en el Centro Jambatu. ¿Próximo reto? Criarlos y lograr su metamorfosis desde güillis-güillis hasta anfibios con toda su morfología completa. En esa tarea fue clave procesar una alimentación similar a la que los individuos de Atelopus ignescens consiguen en su entorno. Pero cuál, sin en las últimas tres décadas poco o nada se sabía de esta ranita…


La buena noticia se conoció a mediados de octubre. Fue otro milagro: por primera vez en laboratorio se concretó la metamorfosis del anfibio. Este hito eleva la vara de los sueños: intentar la reintroducción del jambato en los páramos ecuatorianos.


En este propósito, el Centro Jambatu camina junto con la Fundación Otonga, dentro de un proyecto impulsado por el Ministerio del Ambiente y la Universidad Ikiam.


¿Qué nuevos vecinos encontraría la ranita negra, en su retorno a las montañas, tres décadas después? ¿Con qué nuevos depredadores se encontraría? Este es un gran dilema para los guardianes de los jambatos. Por lo pronto camina firme la esperanza de contar con una reserva de vida para esta especie. (IFP)

CRÉDITO DE FOTOS: Luis Coloma/Centro Jambatu

EVOLUCIÓN. A mediados de octubre pasado, los renacuajos cumplieron su metamorfosis.

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