Una ruta sefardi

José Manuel Aguilar Reyes

Entre las múltiples corrientes sefardíes que poblaron el hoy Ecuador, en la América del Sur, después de su descubrimiento, sobresale el linaje Aguilar, que según los historiadores, sus antepasados llegaron a Cuenca (Fernando Jurado Noboa, 1992), para pasar luego a Loja y finalmente asentarse en la zona alta de la provincia de El Oro, escogiendo un sitio cercano a la Villa del Cerro de Oro de San Antonio de Zaruma, denominado actualmente Malvas, espacio donde no llegaba, según sus creencias, la inquisición, por la cual tuvieron que dejar sus tierras en la España original y refugiarse en estos nuevos dominios.

El primer inmigrante de esta línea fue Don Diego de Aguilar en 1618, minero Andaluz (Fernando Jurado Noboa 1992), que llegó a esta zona, definiendo familia y con seguridad sus descendientes poblaron sitios cercanos a la villa, dando en algunos casos nombres a ellos, sitios donde se encuentran sus descendientes, claramente identificados por poseer, entre sus características genéticas: piel blanca, ojos grandes claros o azules, frente ancha, con amplias entradas en sus cabellos, cejas abundantes, nariz aguileña, brazos muy largos con hombros prominentes, encontrando el redactor de esta nota, en la parroquia Salati del cantón Portovelo, dos familiares cercanos de baja estatura (enanos) que encajan en la patología del Síndrome de Laron, signo inequívoco de su procedencia sefardí.

Uno de estos sitios que dieron nombre fue El Faique, poblado muy pequeño, ubicado en las goteras de la villa, cuyos pobladores se dedicaron al cultivo del café y criar animales, en especial equinos. Sus casitas, pequeñas construidas de barro y guadua mezclada, con base de guayacán o cedro, esparcidas unas de otras, pero cercanas, formando una verdadera colonia, que hoy después de 20 generaciones, venciendo al tiempo y olvido, se encuentran algunas paradas, especial para mí, porque ese fue el sitio escogido por mis antepasados para edificar sus vidas.

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