martes, enero 25, 2022

Podemos cambiar

Manuel Castro M.

La literatura y las telenovelas de pronto nos hacen  ver que se puede cambiar una realidad destructora o sus que causantes pueden cambiar, por un acto insólito  de generosidad. En la novela Terra Alta de Javier Cercas, sucede algo parecido a lo narrado en Los miserables de Víctor Hugo: un hombre de un pasado criminal se torna en un hombre bueno y poderoso, al servicio de los demás, gracias a un acto de generosidad de un cura al que había robado un candelabro; entrevistado el cura por la policía, no solo que no lo acusó, sino que expresó que se había olvidado de llevarse el otro candelabro que también le había regalado.

En la telenovela brasileña Rastros de mentiras vuelve Víctor Hugo: un joven homosexual, despreciado por su condición, comete mil maldades, pero su hijo le habla de Los miserables y se torna, al estilo  dramón, en un hombre cabal y solucionador de todos los problemas.

En Ecuador reina el pesimismo y cierta crítica al naciente gobierno, pues es entendible que se quiera solucionar de inmediato la crisis sanitaria, económica y moral del país. Que los malos se tornen en buenos, que se recupere lo robado, que los narcos dejen de traficar, que no sucedan crímenes atroces, que surja el empleo. Las críticas son bien intencionadas pero no advierten que no son directas a los causantes, que se dicen bajo suposiciones y  que no son positivas. Quejarse y convertirse en víctima no soluciona nada. Es  fácil y caldo de cultivo para ciertos políticos.

La queja es populista, no es ideológica ni sociológica. Tales ideas resurgen en América Latina con entusiasmos europeos.  Se ha caído en un radicalismo inoperante y caduco. Se lo vive en Venezuela, Cuba, Nicaragua y en la llamada izquierda “vegetariana” en la Argentina y México.

El acto de generosidad tiene que venir del pueblo: elegir mejor sus representantes, defender su responsabilidad individual, acatar la ley  y no subordinarse   y  esperar todo del Estado. Necesitamos seguir las experiencias de los países desarrollados, que no son de izquierda   ni de derecha. La Astronomía,  las vacunas o el pan no tienen inclinaciones  ideológicas.

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