miércoles, diciembre 8, 2021
De la audiencia La ciudadanía debe hacerse presente

La ciudadanía debe hacerse presente

Una gran mayoría de ecuatorianos sobrevive con lo mínimo, para subsistir. Después de la pandemia, su situación empeoró. La tasa de desempleo y/o subempleo pasó del 62%, en el año 2019, al 68% en este 2021.

A eso, agreguemos la situación del sector informal, sin acceso a mínimos derechos generados por su trabajo. Hay familias, que, a veces, sobreviven con menos de la décima parte del salario mínimo vital; son caldo de cultivo de una delincuencia imparable, que se desangra en las cárceles y las calles.

Parecería que la inseguridad, ansiedad y desesperanza son producto del desconcierto de un país que se desmorona.

¿Y la clase política? En lugar de brindar respuestas coherentes, contribuye aún más a esta debacle. No hay consensos en propuestas para combatir la pobreza, el desempleo y la delincuencia. Persisten las viejas prácticas de paros, chantajes, sobornos y componendas que, con honrosas excepciones, prevalecen al interés común.

A diferencia de lo que el rey Luis XV decía: «Después de mí, el diluvio», nosotros ¿qué podemos sacrificar para contener la avalancha social que se avizora? Parecería que nada. Por ello es urgente un compromiso colectivo. Hoy más que nunca la Patria y los lazos de solidaridad necesitan fortalecerse. Debemos concientizar que somos parte de una sociedad y que el fracaso de unos será la hecatombe de todos.

Si el Estado no puede afrontar esta situación de precariedad, desempleo e inseguridad, son necesarias otras formas de organización, con iniciativas privadas o ciudadanas, que levanten su voz y sean escuchadas.

Y, esta vez, que no sea solo en protesta contra el gobierno de turno, sino una voz colectiva que reconozca la falta de cultura política de los ciudadanos, que reflejamos los electores y los elegidos a gobernar; y el pésimo ejemplo que somos para la niñez y juventud desempleada con hambre de pan y justicia, que ante ello se ven seducidos con facilidad por la delincuencia y el narcotráfico, con los resultados que vemos hoy en las cárceles.

Carlos Zambrano Sánchez

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