Rentabilidad

    Matías Dávila

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    Hay dos formas de dar ayuda. La primera es la clásica: desprenderse de algo y poder ofrecerlo al resto. Pero la segunda forma es tal vez la más interesante.

    ¿Qué gana una persona que da ayuda a otra? Reconocimiento, eso es lo que se gana. Hay una comunidad que vive en una de las tantas islas alejadas del Pacífico en donde es tradición que, cuando una pareja se va a casar, un grupo de intrépidos navegantes va a conseguir para la novia un determinado tipo de conchas que solo se encuentran profundamente bajo el mar. Ellos no tienen tanques de oxígeno, sino que se sumergen confiando solo en la capacidad de sus pulmones. La hazaña es tan peligrosa que puede llevar a los buzos a la muerte. Y la pregunta es: ¿cuánto cobran por este servicio? ¡Nada! Arriesgan la vida a cambio de nada. Lo que falta en esta historia es contar que, en esta comunidad, las mujeres hermosas se fijan -para casarse- primeramente, en los buzos. Entonces, no lo hacen por nada sino para ser cotizados de mejor manera.

    Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz 2006 (a mi juicio debería ser de economía), es el creador del Banco de los Pobres. Pero además es el creador de una interesante forma de hacer negocios comunitarios: las empresas para todos.

    En nuestro país se reparte un pequeño porcentaje de la utilidad de la empresa entre sus empleados. ¿Ha visto la cantidad de dinero que ciertas personas suelen recibir? Ojo, y solo es un pequeño porcentaje del total de la ganancia y se lo reparte entre decenas de empleados. ¿Cuánto está ganando el dueño? Un montón. El proyecto de Yunus es fomentar empresas que ganen menos utilidades. Es decir, que sus empleados reciban excelentes sueldos, pero que no ganen utilidades. Esto permite que se bajen los costos de los productos que se comercializan en beneficio de los más pobres. ¿Funciona? Y con sobra de éxito. “Si los malos supieran qué buen negocio es ser bueno, serían buenos, aunque sea por negocio” Facundo Cabral. Es hora de analizar otras alternativas.