Tierra de paz

Franklin Barriga López

En los acontecimientos que soportó hace pocos días nuestro país, se agredió de manera salvaje a ciudadanos, a la propiedad pública y privada; se impidió el libre tránsito y la realización de actividades productivas. No faltaron brotes de vandalismo. Este clima de zozobra fue minuciosamente planificado por gente experta en sediciones y actos afines.

Las acciones virulentas estuvieron alentadas por sujetos pertenecientes al correísmo, que lograron infiltrarse en un sector de los indígenas, de acuerdo a informaciones de Lourdes Tibán. El canciller José Valencia denunció ante la OEA intentos por desestabilizar el país, “con gran coordinación y preparación táctica”, con pruebas muy preocupantes que vinculan al régimen de Nicolás Maduro.

El desparpajo rebasó todo cálculo. Una persona, vestida falsamente con uniforme militar, en el Ágora de la Casa de la Cultura, donde se hallaban concentrados numerosos indígenas, tuvo la audacia de subirse a la tarima e incitar a la rebelión. Y así, en este orden, hubo casos de extrema avilantez.
Se ha señalado la obsesión de Rafael Correa de volver, como sea, al poder; sus seguidores protagonizaron hechos que revelan la naturaleza de esas planificaciones y actitudes peligrosas, que emanan de consignas, cínicas y retrógradas, que han llevado a la ruina a países que fueron prósperos, como Venezuela.

Los ecuatorianos jamás debemos apartarnos de los emblemas de unión, libertad, democracia y progreso. De lo contrario, el presente y el futuro corren serios riesgos, no solo en materia de dolarización sino en otros aspectos vitales. Ecuador ha sido tierra de paz, lo que le ha diferenciado de sus vecinos. Esta edificante característica jamás debe desaparecer, para no caer en el abismo donde reinan los totalitarios.

f-barri@uio.satnet.net

Franklin Barriga López

En los acontecimientos que soportó hace pocos días nuestro país, se agredió de manera salvaje a ciudadanos, a la propiedad pública y privada; se impidió el libre tránsito y la realización de actividades productivas. No faltaron brotes de vandalismo. Este clima de zozobra fue minuciosamente planificado por gente experta en sediciones y actos afines.

Las acciones virulentas estuvieron alentadas por sujetos pertenecientes al correísmo, que lograron infiltrarse en un sector de los indígenas, de acuerdo a informaciones de Lourdes Tibán. El canciller José Valencia denunció ante la OEA intentos por desestabilizar el país, “con gran coordinación y preparación táctica”, con pruebas muy preocupantes que vinculan al régimen de Nicolás Maduro.

El desparpajo rebasó todo cálculo. Una persona, vestida falsamente con uniforme militar, en el Ágora de la Casa de la Cultura, donde se hallaban concentrados numerosos indígenas, tuvo la audacia de subirse a la tarima e incitar a la rebelión. Y así, en este orden, hubo casos de extrema avilantez.
Se ha señalado la obsesión de Rafael Correa de volver, como sea, al poder; sus seguidores protagonizaron hechos que revelan la naturaleza de esas planificaciones y actitudes peligrosas, que emanan de consignas, cínicas y retrógradas, que han llevado a la ruina a países que fueron prósperos, como Venezuela.

Los ecuatorianos jamás debemos apartarnos de los emblemas de unión, libertad, democracia y progreso. De lo contrario, el presente y el futuro corren serios riesgos, no solo en materia de dolarización sino en otros aspectos vitales. Ecuador ha sido tierra de paz, lo que le ha diferenciado de sus vecinos. Esta edificante característica jamás debe desaparecer, para no caer en el abismo donde reinan los totalitarios.

f-barri@uio.satnet.net

Franklin Barriga López

En los acontecimientos que soportó hace pocos días nuestro país, se agredió de manera salvaje a ciudadanos, a la propiedad pública y privada; se impidió el libre tránsito y la realización de actividades productivas. No faltaron brotes de vandalismo. Este clima de zozobra fue minuciosamente planificado por gente experta en sediciones y actos afines.

Las acciones virulentas estuvieron alentadas por sujetos pertenecientes al correísmo, que lograron infiltrarse en un sector de los indígenas, de acuerdo a informaciones de Lourdes Tibán. El canciller José Valencia denunció ante la OEA intentos por desestabilizar el país, “con gran coordinación y preparación táctica”, con pruebas muy preocupantes que vinculan al régimen de Nicolás Maduro.

El desparpajo rebasó todo cálculo. Una persona, vestida falsamente con uniforme militar, en el Ágora de la Casa de la Cultura, donde se hallaban concentrados numerosos indígenas, tuvo la audacia de subirse a la tarima e incitar a la rebelión. Y así, en este orden, hubo casos de extrema avilantez.
Se ha señalado la obsesión de Rafael Correa de volver, como sea, al poder; sus seguidores protagonizaron hechos que revelan la naturaleza de esas planificaciones y actitudes peligrosas, que emanan de consignas, cínicas y retrógradas, que han llevado a la ruina a países que fueron prósperos, como Venezuela.

Los ecuatorianos jamás debemos apartarnos de los emblemas de unión, libertad, democracia y progreso. De lo contrario, el presente y el futuro corren serios riesgos, no solo en materia de dolarización sino en otros aspectos vitales. Ecuador ha sido tierra de paz, lo que le ha diferenciado de sus vecinos. Esta edificante característica jamás debe desaparecer, para no caer en el abismo donde reinan los totalitarios.

f-barri@uio.satnet.net

Franklin Barriga López

En los acontecimientos que soportó hace pocos días nuestro país, se agredió de manera salvaje a ciudadanos, a la propiedad pública y privada; se impidió el libre tránsito y la realización de actividades productivas. No faltaron brotes de vandalismo. Este clima de zozobra fue minuciosamente planificado por gente experta en sediciones y actos afines.

Las acciones virulentas estuvieron alentadas por sujetos pertenecientes al correísmo, que lograron infiltrarse en un sector de los indígenas, de acuerdo a informaciones de Lourdes Tibán. El canciller José Valencia denunció ante la OEA intentos por desestabilizar el país, “con gran coordinación y preparación táctica”, con pruebas muy preocupantes que vinculan al régimen de Nicolás Maduro.

El desparpajo rebasó todo cálculo. Una persona, vestida falsamente con uniforme militar, en el Ágora de la Casa de la Cultura, donde se hallaban concentrados numerosos indígenas, tuvo la audacia de subirse a la tarima e incitar a la rebelión. Y así, en este orden, hubo casos de extrema avilantez.
Se ha señalado la obsesión de Rafael Correa de volver, como sea, al poder; sus seguidores protagonizaron hechos que revelan la naturaleza de esas planificaciones y actitudes peligrosas, que emanan de consignas, cínicas y retrógradas, que han llevado a la ruina a países que fueron prósperos, como Venezuela.

Los ecuatorianos jamás debemos apartarnos de los emblemas de unión, libertad, democracia y progreso. De lo contrario, el presente y el futuro corren serios riesgos, no solo en materia de dolarización sino en otros aspectos vitales. Ecuador ha sido tierra de paz, lo que le ha diferenciado de sus vecinos. Esta edificante característica jamás debe desaparecer, para no caer en el abismo donde reinan los totalitarios.

f-barri@uio.satnet.net