El modelo Netflix

Pablo Escandón Montenegro

La televisión tradicional es afectada por otros sistemas de transmisión y producción de contenidos audiovisuales, sin que los programadores, gerentes y productores de canales de señal abierta modifiquen sus formas de hacer televisión.

Primero fue el servicio de cable, luego la señal satelital, ahora son las plataformas de demanda por Internet y de las propias telefónicas. Las estaciones de VHF y de UHF no se dan por enteradas de que lo que sucede: no es un cambio solo de contenidos, sino de forma de consumo y transmisión. Lo que el usuario requiere es sentirse tratado como público y no como audiencia.

Aquí radica el éxito del modelo de Netflix. Por más algoritmo que use para conocer los hábitos de los usuarios de la plataforma, le da mayor libertad al usuario para moverse entre sus archivos y dejarlo de tratar como un número más de “rating”. El uso que del audiovisual cambió y las cadenas de televisión deben adaptarse lo mejor que pueden a esa forma de consumo y uso de los contenidos. La falta de comprensión es de las empresas mediáticas y los investigadores y académicos de recepción de mensajes, de análisis de contenidos y de estudios mediáticos en las universidades y centros de investigación en el país: tampoco han ido más allá del “broadcast” y de comprender que los usuarios somos público y no masa.

El modelo se asemeja al de las comunidades construidas en torno a una causa; en este caso, consumir el audiovisual de manera ubicua y en el tiempo que se desee, no durante la emisión. Las producciones deben abandonar el inmediatismo y adaptarse a varias plataformas.La TDT está lejos de llegar. Solo trabajan en el formato HD, no en la construcción de públicos ni en la congregación de comunidades con las cuales interactuar.

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