Solo queremos un país seguro

JUN, 20, 2019 | 00:40

Colombia
John

Soy el segundo de doce hermanos de los mismos padres. Mi infancia fue bonita, hasta que un día llegó a nuestra finca un grupo armado al margen de la ley. Los humillaron a mis padres con armamento y los golpearon. Ellos nos querían reclutar a la fuerza, y como mis padres se negaron, nos quitaron todo, desplazándonos de nuestras tierras. Si nos encontraban, nos mataban a todos. Mis padres, lloraron por todo lo perdido. Todo era precario para nosotros, pero sin embargo, mis padres trabajaban para poder sacarnos adelante. Nosotros, aún pequeños y sin estudios, trabajamos. A algunos nos pagaban y a otros no, pero nunca agarramos malos pasos. A pesar de nuestro sufrimiento, el ejemplo eran nuestros padres. Fuimos creciendo y teniendo nuestras cosas, cada uno a fuerza de trabajo. 

En un viaje conocí a mi esposa y al poco tiempo nos juntamos. Le propuse ir a mi finca y ella aceptó. Junto con ella seguimos arando y cultivando nuestras tierras; todo era próspero. Sin embargo, grupos armados nos extorsionaban económicamente. Yo les daba reses y parte de la agricultura. Así vivíamos, hasta que llegó el ejército. Acamparon en mi finca y nos compraban una res para sustento. Después llegó la guerrilla, unos de civiles y otros uniformados, todos con armamento, tratándonos de lo peor. Delante de mis hijos nos humillaron, nos decían que éramos sapos. Nos decían que nos iban a matar a todos. Yo les dije que nos mataran para no sufrir más, y ellos decidieron soltarnos, pero nos dijeron que nos fuéramos a donde nunca nos pudieran encontrar. 

Yo lloraba sin poder hacer nada, acordándome que cuando yo era niño viví lo mismo con mis padres y ahora lo hice de nuevo con mis hijos y mi esposa. 

De ahí nos fuimos a Bucaramanga, en donde vivimos varios días en la calle aguantando hambre y frío. Gracias a Dios, gente buena nos regaló ropita y comida, y nos dio trabajo para poder arrendar un ranchito y estar mejor. Yo conseguí un trabajo, por dos años trabajaba con miedo por lo sucedido, pero no me quedaba de otra sino seguir adelante. Un día me encontré con dos guerrillas de allá, amenazándome. Me preguntaban si estaba buscando la muerte, me dijeron que me fuera de ahí, que no me querían volver a ver nunca y que no dijera nada de ellos. Yo le dije a mi esposa que nos tocaba irnos. Así viajamos a Venezuela, pero grupos armados estaban allá. Decidimos viajar a Ecuador porque no quería dejar a mis niños huérfanos. 

Aquí estamos contentos. Sin embargo, por los errores de otros extranjeros pagamos todos, y algunos nos han tratado mal, no nos dan trabajo ni nos arriendan. Muchas veces nos corren de este país diciéndonos que no es nuestro. Nosotros no podemos regresarnos por temor a morir. Lo único que deseo es darle un futuro mejor a mis hijos, donde ellos no vean tanto maltrato, humillaciones, y que se les olvide todo lo malo que hemos vivido. Solo pido estar en un país seguro donde yo pueda trabajar y darles una buena educación, una mejor vida, y verlos crecer a nuestro lado, donde no los arrebaten. Ese es mi único y gran sueño. Muchas gracias por permitirme escribir todo esto que siento.

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