Clinton visita Galápagos

Bill Clinton, representante de su fundación, ha sido testigo de honor de la suscripción del decreto que el presidente ecuatoriano Guillermo Lasso Mendoza emitió en el barco Selva Negra de propiedad del Parque Nacional Galápagos.

El decreto expande la reserva marina para defender especies valiosas de nuestra riqueza ictiológica y ha recibido el beneplácito del sumo pontífice romano, sin perjuicio de que el presidente haya sido declarado guardabosque honorario.

El 15 de enero de 2022 será una fecha histórica para la política internacional de nuestro país y mejorará su imagen ante el mundo, porque con su ejemplo inicia una batalla simultánea que debe promoverse a nivel planetario. 

Para quienes me lean, destacaré la incesante labor de un joven ministro de Ambiente, Gustavo Manríquez Miranda, quien recibió una pesada carga junto con su secretaría. Estoy seguro de su dinamismo, honestidad y afán de servicio, y de que representa a una nueva generación que conduce hacia un nuevo horizonte a la nave del Estado que se encuentra en un borrascoso mar político, de mayorías movibles en el poder legislativo, jueces desprestigiados en la función jurisdiccional, policías declarados narcogenerales, masacres penitenciarias que conmovieron a la sociedad. Además, la actual administración se enfrenta a fenómenos naturales como el deslave del Rio Coca, la codicia que genera un socavón en Zaruma, las fuerte lluvias que paralizan las vías de acceso a Cuenca, deudas internacionales que deben ser renegociadas y, sobre todo, una pandemia cruel que pone en peligro la vida de todo un pueblo. 

Por otro lado, quienes creemos que la vida se originó en el mar, vemos una señal de optimismo en este evento para la defensa de Galápagos y de sus habitantes.

Sabemos también que nunca   debemos rendirnos ante la adversidad porque el coraje que necesitamos corre por nuestras venas, con la sangre de nuestros mayores.

Estamos convencidos de que el gobierno cumplirá con los objetivos sostenibles del milenio, que acabará con la impunidad, hará alianzas para cambiar la inequidad de flotas depredadoras con la presencia de una diplomacia que conduzca a tratados y convenios vinculantes y no solo retóricos, y estará presente en foros internacionales con voceros de voz clara y firme.

Es mi deseo y mi creencia que al recordar el aforismo antiguo que nos dice: “Toda caminata por larga que sea se inicia con un primer paso”. Por ello, estas líneas quieren levantar la mirada de los pesimistas y no dar un paso atrás, ni para coger impulso, sino, al contrario, expedir leyes que tengan dientes para morder a los corruptos, que acaben con la impunidad reinante en el mundo, que persigan el crimen internacional organizado con el narcotráfico y que encuentren en el gran camino azul la esperanza de días mejores para la patria ecuatoriana.

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