Un artista que rescata la música ancestral en kichwa

CULTURA. Juan Pilaminga muestra con orgullo la vestimenta y lengua materna en su trabajo artístico.

El sonido de la zampoña, la guitarra y sobre todo el canto en la lengua materna, el kichwa, se silencia lentamente en las comunidades de Pilahuín, al suroeste de Ambato, en Tungurahua.

En una de las comunidades de esta parroquia, Juan Pilaminga, de 28 años, es uno de los pocos artistas que quedan y que combina su labor, como es la conservación de los páramos y la música autóctona.

 

Cultura

Para ello utiliza varios instrumentos andinos que le ayudan a componer canciones en homenaje a la Pachamama, a los páramos, a la vida, siempre en su lengua materna, el kichwa.

Para el joven artista, si bien la cultura de su pueblo Chibuleo, de a poco se va perdiendo, es importante el trabajo que cada uno hace para rescatarla, por ello se plantea el fortalecimiento de esos saberes a través de la música.

“Solo con haber nacido en esta tierra es un orgullo, llevar el poncho y el pantalón blanco representa nuestra imagen, pero el hablar en kichwa, cantar en kichwa representa nuestra esencia, comentó.

 

Influencias que restan cultura

Hoy, situaciones como la migración y la modernidad ha hecho que los jóvenes pierdan el interés por esos saberes.

“Los jóvenes van a las ciudades en busca de trabajo y vienen con otros aprendizajes, incluso al hablar ya no quieren comunicarse en kichwa, lo hacen en español y eso enseñan a los niños quienes definitivamente han olvidado esta lengua”, aseguró Cristóbal Tisalema, de 67 años.

Además, invitó a los a los jóvenes para que continúen llevando la cultura y la lengua materna de su pueblo a las nuevas generaciones.

 

Legado que no puede morir

El bandolín, la zampoña o la guitarra son parte esencial del trabajo del artista, quien asegura que desde muy pequeño tuvo afición por la música, la cual heredó de su familia, que de vez en cuando entonaban algún instrumento de forma empírica.

Para él, la cultura solo morirá si nadie la recuerda por ello su objetivo es llegar con su música y los saberes andinos no solo a todas las comunidades, sino al mundo entero, por ello ha desarrollado esfuerzos y gestiones para grabar un disco, cuyas canciones están en kichwa.

 

EL DATO
Los instrumentos más usados en la cultura indígena son 
las flautas, zampoñas, pingullos, guitarras y el charango.

 

“En la música se plasma y se transmite cultura, historia y la cosmovisión de los pueblos y las comunidades”, comentó.

Pilaminga asegura que las comunidades guardan celosas un sinfín de tesoros ancestrales que no siempre se dan a conocer. “Cada uno de esos saberes se puede contar a través de la música”, dijo.

 

Pueblo Chibuleo

El pueblo Chibuleo se encuentra ubicado en la Sierra central, al suroeste de Ambato. Son bilingües, su idioma madre es el kichwa, como segunda lengua está el español y están organizados en comunidades.

Mantienen sus fiestas ancestrales, combinando lo tradicional con lo religioso.

Los conocimientos en este pueblo se transmiten en forma oral. En relación a su vestimenta, las mujeres visten con una bayeta de color negro con filos bordados, blusa blanca de manga corta en la parte posterior bordada, anaco negro con filos bordados, faja (chumpi) de colores en la cintura, sombrero blanco, dos tupus, una hembra huasca, orejeras de corales rojas y cuentas metálicas doradas; los hombres se visten con poncho de color rojo con filos bordados y dos franjas verticales de colores, camisa y pantalón blanco.

 

Un llamado a las nuevas generaciones

El artista aseguró que el kichwa se va dejando de lado en las comunidades, por eso incentiva a través de la música a fortalecer la lengua materna del pueblo Chibuleo.

“En varios medios de comunicación se escucha este problema, que es real y que las autoridades, dirigentes, pero sobre todo las nuevas generaciones debemos hacer algo”, afirmó.

Cristóbal Tisalema, de 67 años y morador de Pilahuín, manifestó que, en su juventud en cada familia, en cada barrio, existían grupos de música que no eran profesionales, pero brindaban alegría a las comunidades. (MAG)