Vagos y borregos

    Iván Paredes

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    El ser humano es esclavo de sus propias palabras, más aún, cuando se emite criterios que ofenden y transgreden a un grupo social determinado que tiene historia, cultura, es participe en el desarrollo económico del país y su lucha ha sido constante para ser visibilizados, aceptados y reconocidos en el ámbito legal – constitucional, social y político de la formación del Estado.

    Señalar que los personas que son pobres, “son vagos”, realmente, es un insulto y discriminación a un grupo vulnerable que, por circunstancias sociales, políticas, económicas (llamémoslo de vida) no han tenido la oportunidad para desarrollarse laboralmente; y, esas palabras pueden salir de alguien que tiene un pensamiento individualista, egoísta, carente de todo tipo de solidaridad y  dolor ajeno, que es, lo que la religión prioriza para acercarse y ser parte del máximo creador.

    Además, y sin tapujos ni vergüenza ha manifestado que “no soy borrego de la Conaie”, organización que tiene un amplio reconocimiento a nivel de toda la América y hasta mundial, por su estructura y las luchas que ha desplegado a favor de los derechos de los pueblos y nacionalidades indígenas del Ecuador, tal es así, que organizaciones de otros países le piden consejos y asesorías en el ámbito de los derechos colectivos y, en donde se encuentran un gran número de comunas, comunidades, colectivos, personas que son parte integrante sintiéndose orgullosos de ser Conaie.

    Aquellas expresiones no se deben permitir porque rasgan en la ofensa y el desprecio; es más, al ser miembro del mismo grupo social y cultural denota su antipatía con sus raíces y su origen social, dando a relucir la ceguera por lo material como único recuso de vida, sin importar (le) la situación y realidad del prójimo y de los otros, debiéndose exigir las debidas disculpas públicas.