Dos crisis, de la mano

Quienes en el partido de gobierno pensaron hace un año que tendrían por delante un camino de rosas se dieron contra una pared. Iban a cambiarlo todo o casi todo.

Ya en el poder, se dieron cuenta de que su desinformación sobre el estado real del país era monumental. La crisis carcelaria, que parece endémica, es una muestra; un callejón sin salida. El otro foco de tensión está en la economía. Y las dos crisis van de la mano.

Todas las monedas tienen dos caras. ¿Consecuencias? Muchas. Si la economía no prospera, si no hay más empleo y menos desigualdad social, pobreza y marginalidad, pero, además, si no se combate con eficacia la corrupción ni se fortalecen el sistema judicial y el represivo, las cárceles seguirán siendo un infierno.  Todo esto está sobre la mesa y la expectación no puede ser mayor. No sirve mirar sólo al cielo buscando respuestas.

La crisis carcelaria es solo la fiebre de la enfermedad. La formación de comisiones y búsqueda de ayuda exterior son recetas de muy antigua data que, por lo regular, no han dado los resultados apetecibles. El extrapolar modelos como vía de solución, sin contar las peculiaridades económicas, sociales y culturales, así como factores geopolíticos a la vista, no parece una vía de solución permanente. No es una ocurrencia ni una provocación.

El presidente Lasso intenta caminar por una vía muy estrecha, pero esta vía se le hace más estrecha cada vez. Todo tipo de calamidades se han conjurado para empañar su idea del encuentro. Se requiere ser radical, es decir, ir a la raíz del problema. Ir al estómago, al bolsillo, a la educación y la cultura de una mayoría de población pobre o empobrecida por la pandemia, presa fácil de la delincuencia en todos sus aspectos y matices.

A Lasso no se le pueden discutir su preparación, ni su capacidad de trabajo, ni sus privilegiadas relaciones. Pero si quiere cruzar el pantano que tiene por delante, tiene que estar dispuesto a mojarse. Este es sólo un jirón de verdad, en todo caso. El otro desafío tiene que ver con la necesidad de un cambio de estilo. Decía el poeta español Antonio Machado que al pueblo no se desciende, sino que se asciende. Su apoyo es clave para enfrentar y resolver las crisis.

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