Educación rota

No es solo de ahora. La fisura viene de mucho tiempo atrás, ya que la educación superior nunca fue valorada como una inversión de futuro.

Pasamos de crear universidades de garaje a construir elefantes blancos. Todo con miras políticas y económicas, con objetivos ideológicos y de control de poder en un espacio donde la investigación y el desarrollo profesional debían ser los ejes y no el lucro ni los favores políticos.

La institución rectora es el huasipunguero que ordena y decide dónde y qué sembrar, y lo que es peor, con quién, sino miremos todos los convenios recientes y las aprobaciones para que entren universidades extranjeras de garaje, en menoscabo del sistema nacional de educación superior.

Allí tenemos el primer resquebrajamiento del sistema universitario, que ha sido ahondado con autoridades que han tenido apetitos políticos, de mera vanidad y de lucro. No hemos tenido un verdadero administrador universitario que haya investigado sobre el sistema, que lo haya cuestionado y que tuviera propuestas de mejoramiento, para luego regresar a su espacio de la cátedra y la investigación.

Ser investigador y docente universitario, como tal, no es dar una clasecita por aquí o hacerse invitar a Europa para ponerlo en la hoja de vida; tampoco es publicar un libro editado con los amigos en la editorial que financia o ayuda a mantener desde el Estado, ni ser el canciller, rector o director porque es el gerente, financista o capitalista íntegro.

La educación está rota porque se siguen haciendo convenios con todas las empresas transnacionales de educación lucrativa; se las acredita y entran con costos que rompen el mercado nacional, lo que obligó a que el CES reformara el régimen académico, y allí nadie dijo nada, solo cuando se les toca el bolsillo.

Hoy la educación superior está rota porque asistimos desde más de una década a un verdadero pillaje de piratas que se produce ante la mirada del guardacostas, que es quien los deja entrar para lucrar de ello.

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