La política y el sentido común

    Nicolás Merizalde

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    Concuerdo con Isaiah Berlin que la tolerancia y el pluralismo son dos condiciones esenciales para la sanidad de la democracia. Por otro lado, al igual que Berlín, considero que el límite de cada postulado está en la fuerza del sentido común, que es la más valiosa de las virtudes políticas. Ahora yo le pregunto a usted, querido lector, dueño de un sentido común sin fisuras ¿Le parece que el sistema de partidos políticos en nuestro país está funcionando ya no digamos, adecuadamente, sino al menos en el límite de lo aceptable?

    Según las cifras internacionales apenas el 9% de los ecuatorianos contesta que sí, es decir, que confían y se sienten representados en esa maraña de partidos que aparecen y desaparecen como espectros del sistema. Por una cuestión estadística a ese 9% no le adjudicamos esa preciada virtud política sino los efectos de su pálida ausencia. En fin, gajes del pluralismo.

    En todo caso, una aplastante mayoría (con dicha virtud, espero) nos encontramos preocupados por el árido desempeño de los partidos. Y es que a partir de la ruina de la “partidocracia” y el auge del populismo fueron pocas las organizaciones políticas que mantuvieron su estructura, línea ideológica y renovación institucional. Nos hicieron creer que al minar la figura del partido político el ciudadano ganaría independencia ideológica, el candidato más libertad y la democracia estaría más nutrida. Cuando lo cierto es que nos encontramos ante una precaria representación general, una aguda división del voto alentada por el culto al cacique y una democracia anémica.

    La crisis de los partidos es la crisis del sistema y por ello debemos repensar un modo mejor de regular la actividad política para que los partidos tengan más estabilidad, consenso general y mejor representatividad y competitividad. Ojalá el inicio de este debate tenga un buen final.