Jueces

Eduardo F. Naranjo C.

La justicia presupone equilibrio entre partes, donde las pruebas fehacientes evidencian certezas, esto requiere administradores imparciales para que las partes en conflicto puedan alcanzar la justa proporción sobre sus derechos, intereses y bienes.

Esta creación intelectual generada cuando la humanidad logra salir del salvajismo, viene ilusionándonos por siglos, sin embargo, para impartir justicia se crearon jueces que, siguiendo lineamientos del derecho romano y otros métodos, fueron marcando su paso en la historia, destacándose mentes brillantes en sabiduría, ecuanimidad y comportamiento impecable.

Sin embargo, los jueces son humanos con pasiones y ambiciones, obedecen a quienes los nombran y es donde la realidad muestra poderosos intereses de todo orden que presionan sobre la cabeza de los magistrados, ajustando decisiones a circunstancias e interpretaciones legales, aunque procurando una “imagen” de conocimiento y seriedad.

Conocido ejemplo del “famoso” juez Moro, del Brasil, que antes de Lava Jato presumía ser un hombre para la justicia, pero decidió tomar el camino de la política y luego de mandar a la cárcel a Lula y unos cuantos, aceptó al vuelo que Bolsonaro, lo nombrará ministro de Justicia y ahora le saltaron a la cara sus triquiñuelas y torceduras de la Ley, dejando la evidencia de una justicia amañada.

En el mundo se litigan numerosos juicios, en los que generalmente, países pequeños pierden sus derechos contra los grandes o contra los dueños del poder, lo que sugiere la imposibilidad de justicia, el grande siempre devora al chico y difícilmente los humanos de menor poder lograrán justicia. Los jueces, salvo contadas excepciones, siempre están sujetos a fuerzas externas e internas y es cuando debe surgir la justicia y la verdad.

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