Error digital

Pablo Escandón Montenegro

Estimado e hipócrita, lector; como nos increpa Baudelaire en Las flores del mal. Sí, hipócrita, usted y yo. Lectores y consumidores de redes sociales, agazapados detrás de una cuenta, de un avatar y de una identidad que no siempre es la real, porque ponemos lo que queremos que la gente vea de nuestra personalidad. Por qué le digo esto, estimado lector, porque en la esfera digital no mostramos lo que somos, sino lo que, lamentablemente, queremos ser y proyectamos con exageración nuestros defectos y errores; los errores digitales que cometemos deben permanecer allí mismo para que nos recuerden que debemos mejorar y no volver a ellos. En Blade Runner, los replicantes tenían fotografías que les recordaban una supuesta vida anterior, que simulaban a la memoria de los seres humanos. De igual manera, los errores en la vida y en la Red están allí para que nos digan que no somos replicantes, que no somos creados por el algoritmo ni por el administrador del sitio.

Y si borramos los errores digitales demostramos que detrás de esos avatares creados, que son simulaciones, proyecciones o encubrimientos, además somos hipócritas que no recordamos nuestra mortalidad, no solo física sino intelectual, espiritual e intelectual.

Cuando un medio impreso o de emisión en vivo comete errores, queda la prueba física del yerro, pero cuando tiene su versión digital, puede ir perfeccionándola y corrigiéndola constantemente, pero no borrarla; eso es negar todo lo aprendido y transitado. Cuando borramos algo o a alguien en la Red es por temor al otro o porque nuestra identidad creada fugazmente en espacios digitales puede ser afectada, porque la imagen construida no es acorde a lo habíamos publicado. Entonces que el error nos hace daño más a nosotros que a quien perjudicamos con ese error, que no podía ser corregido sino borrado, porque se convertía en un virus para nosotros, no para el afectado o afectada. Por eso somos hipócritas, porque cuando borramos errores de la red, no pensamos en los demás sino en nosotros mismos.

pescandon@gmail.com