Las zapateadas se tomaron las calles de Ibarra

JUN, 25, 2019 |

Zapateadas. Los grupos recorrían varias calles de la ciudad.

Redacción IBARRA

Música, trajes coloridos, zamarros y danzas marcaron la noche del domingo en las tradicionales zapateadas, en Ibarra.

A eso de las 19:00, en diferentes puntos empezó a retumbar la ciudad con el enérgico zapateo de cada una de las personas que decidieron salir, sea en el caso de mujeres vestidas de anaco y blusa bordada o solo portando un zamarro, así como los hombres llevando máscaras del Aya Huma, vestidos como los tradicionales chivos, que son los encargados de dirigir al grupo en estas tradicionales zapateadas.

Uno de los puntos de concentración para iniciar con el recorrido, que se dirigiría a la Atahualpa, fue por el hospital del IESS. Aproximadamente unas 70 personas empezaron el zapateo al ritmo del grupo musical, con guitarra, violín, tambor, maracas...

Como particularidad, vestidos de personajes de la serie ‘La Casa de Papel’, entonaron las mejores melodías que hacían que los presentes disfruten y zapateen cada vez más duro.

Mientras el grupo tocaba, los priostes brindaban a los asistentes comida y bebidas. Mote, papas, choclo, shungos, pollo, fritada, entreverado como una pamba mesa, se pudo degustar en estas tradicionales zapateadas.

A la par, en otros sectores también salían zapateando, como en Caranqui y Los Ceibos. Todos debían llegar a la avenida Atahualpa, donde se encontraban las últimas paradas de las zapateadas. Por este sector, visitantes locales esperaban a los grupos para poder ingresar al pelotón y no quedarse sin zapatear.

Recorrido

El baile continuaba en la parada uno. Las coplas creadas por el grupo musical, sacaron más de una risa a los danzantes.

“Boquita de pato, cada que te veo, yo ya no me aguanto. Corazón de pato, cada ves que te veo, se me para el aparato”. “María Chunchun, no seas así, dile a tu marido que me amas a mi”, fueron algunas de las rimas que acompañaban a las melodías musicales.

Pasadas las 21:00, el grupo de ‘La Casa de Papel’ inició con el recorrido. Afuera de la vivienda, un grupo aproximado de 50 personas se unieron para ir a la siguiente parada, ubicada por el redondel de Ajavi. En el trayecto, varias personas salían de sus casa para observar a los danzantes. Algunos incluso con sus celulares los grababan.

Al llegar al redondel, dos grupos más asomaron. Cada uno debía pasar por la casa del segundo prioste. Al ser un espacio pequeño, no todos lograron entrar y tuvieron que esperar en la vereda, hasta que el grupo salga. Una vez afuera se volvieron a unir y siguieron zapateando hasta las próximas paradas.

Recorrieron la avenida Eloy Alfaro, bajaron hasta la Piscina Olímpica para ir en dirección por el Consejo de la Judicatura. Ahí se encontraron con otro grupo, que bien uniformados, con una vestimenta tomate, marcaban melodías de canciones contemporáneas. Incluso el ‘Échale leña al fuego Carapaz’ se mencionó, como tributo al ciclista carchense ganador del Giro de Italia.

Los danzantes continuaron su camino por la calles Sánchez y Cifuentes, hasta el Parque la Merced, para desviarse a la calle Bolívar. A la altura del Parque Pedro Moncayo, se detuvieron unos 10 minutos para hacer una especie de toma de la plaza.

Seguido, todos quienes tenían zamarros se ubicaron en la parte de adelante para guiar y también tuvieron su protagonismo al hacer el baile característico de un chivo. La gente que estaba transitando por la Bolívar aplaudía y se unía por poco tiempo al grupo para zapatear.

Al llegar a la Atahualpa, el zapateo se intensificó, así como la música, para que la gente que se encontraba por ahí se una al baile.

Niños, jóvenes y adultos participaron. Siendo la media noche, los demás grupos que salían de otros sectores de la ciudad seguían llegando a la Atahualpa, una avenida que se convirtió por otro año más en el escenario principal de las zapateadas. Pasadas las 02:00 seguía el taz, taz, taz...

Tradición andina

Las guitarras, flautines, bocinas, cuernos, bombos y redoblantes, en las zapateadas son los instrumentos ideales para demostrar que hay una celebración.

Los grupos tienen un líder, el Aya Huma, un ser mitológico quien es el espíritu de la fiesta.

Se indicó que esta celebración marca el renacer año tras año de los pueblos kichwas indígenas.

La fiesta se celebra con ocasión del solsticio para un pueblo cuyo principal objetivo de culto era el dios Inti (sol). (FCDL)

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