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Marco Antonio Rodríguez: ‘Dejé de escribir por miedo a la locura’

FEB, 28, 2020 |

AUTOR. Antonio Rodríguez fue presidente de la Casa de la Cultura y es miembro de número de la Real Academia de la Lengua.

Rodeado por las obras de arte que decoran su sala, en su acogedor apartamento al norte de Quito, Marco Antonio Rodríguez, de 78 años, señala los reposabrazos de madera, elegantemente tallada, de los sillones en los que nos invita a sentarnos. 

“Este mueble, de fines del siglo XIX, fue hecho por un bisabuelo”, comenta el crítico, académico y escritor. Su incursión temprana en las letras y su fascinación por las artes se debe, muy probablemente, a una sensibilidad heredada: “Desciendo por línea paterna de artistas pintores. Mis bisabuelos, tatarabuelos fueron talladores e imagineros, esculpían santos, vírgenes, cristos”, cuenta.

Su padre, Manuel Rodríguez Jurado, le inculcó la pasión por la música con su piano. Marco Antonio fue el primero en su familia en inclinarse por la literatura. “No había libros en mi casa, apenas había para comer”, confiesa. Desde los 13 años, comenzaría a frecuentar la Biblioteca Nacional para saciar sus ansias de lector. 
 

Trabajo
Sus exploraciones juveniles en la narrativa de ficción surgieron con la guía de maestros como el historiador Hernán Rodríguez Castelo y el poeta Manuel Sabala Ruíz. Tuvo que pasar largo tiempo para que estos textos vieran la luz en su primera obra, ‘Cuentos del rincón’, de la cual dice no sentirse orgulloso. “La escribí entre los 16 y 24 años, pero no había quién lo publicara”. 

En 1972, Benjamín Carrión acogió la obra, augurando que Rodríguez se convertiría “en uno de los grandes de nuestra literatura”. 

El renombrado crítico estaba en lo cierto. Con su segundo compendio de cuentos, ‘Historia de un intruso’ (1976), Rodríguez le dio al país uno de los galardones más importantes alcanzados por un autor nacional: el premio al Mejor libro escrito en castellano en la Feria Internacional de Leipzig, Alemania, venciendo a autores como Carlos Fuentes, José Donoso o Mario Vargas Llosa.

Luego vendrían ‘Un delfín y la Luna’ (1985), ganador del Premio Podestá, en México; y ‘Jaula’ (1991), que obtuvo el Premio Nacional de Literatura.  Tan escasa como excepcional, su narrativa corta se reúne en el libro recientemente publicado ‘Todos mis cuentos’ (2019). Los relatos están acompañados por ilustraciones de artistas con quienes el autor compartió amistad y admiración: Oswaldo Guayasamín, Carlos Rosero, Oswaldo Viteri, Miguel Varea y Pablo Cabrera.

OBRA. El libro reúne cuatro antologías de cuentos publicadas desde 1972.

Ficciones oscuras
Actualmente centrado en su oficio de ensayista y académico, el autor no descarta seguir escribiendo ficción, aunque se apartó de ella durante un largo período.

“Mi literatura tiene mucho de mi yo interior, de mis demonios. Toda mi escritura está hecha de las oquedades de mi ser, mis laberintos interiores y aquellas señales profundas que deja la vida”, comenta el escritor. 

Aunque la crítica le atribuyó erróneamente una conexión con la obra de Pablo Palacio, Rodríguez comparte con el lojano una narrativa oscura, marcada por “los olvidos y las muertes pequeñitas que llevamos en el corazón”.  

“El ser humano es un animal de despedidas. Estamos siempre yéndonos, instante a instante somos cada vez menos y el último horizonte es el morir”, señala Rodríguez. 

La angustia que genera esta certeza lo alejó de la ficción, a pesar del éxito que empezaba a cultivar a finales del siglo pasado. La razón podría estar entre las líneas de “los infiernos” plasmados en ‘Historia de un intruso’, o ‘Jaula’: “Tuve mucho miedo de seguir escribiendo, esa es la pura verdad. Confieso mi temor a la locura. La narrativa me conmina a sentir ese miedo”.

No obstante, confirma la existencia de obra inédita trabajada durante estos años, que podría dar lugar a una novela. Asimismo, señala que la publicación de ‘Todos mis cuentos’ marca un punto de inflexión en su vida: “Quise darme una lección, y decidí que hasta aquí llego con el relato corto”. Con esta antología, Rodríguez pone el punto final a una de las obras fundamentales de la literatura nacional. (AA)

FRASE

Yo no creo en los premios, el tiempo es el supremo juez”. Marco Antonio Rodríguez, escritor. 

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