Vivir al día

    Rocío Silva

    La presencia de plazas o mercados en cada parroquia urbana, hacían que cada familia adquiera a diario a los intermediarios, diversos productos alimenticios en los días en que no había feria, podía ser la carne, el pollo, el chorizo, los vegetales, las hortalizas, las frutas; claro está, también era un asunto de dinámicas sociales cotidianas, las vecinas amigas iban juntas con canastos pequeños que podían fácilmente transportarse sin necesidad del “cargador” o del servicio de taxi, lo interesante y atractivo era que se conseguía todo fresco y en la cantidad mínima que se requería, escogiendo la porción cuyo precio estaba sujeto al regateo, no llegaba todavía la  presentación en fundas plásticas con precios fijos que hoy se utiliza.

    Otra forma de este simple sistema de circulación y distribución en la economía doméstica, era que varios productos alimenticios llegaban a diario a las casas de los consumidores urbanos, directamente del productor, así: la leche, los quesos, varios tipos de harina, el pago era acordado a hacerlo cada semana o quince días, el registro estaba en la memoria tanto de las “caseritas”.

    En los barrios, la tienda de la esquina (ahora minimarkets) tenían dinámicas más culturales que económicas, los vecinos compraban de gaseosa en gaseosa con intercambio de botellas de vidrio -siempre sucedía la revisión minuciosa del pico de la botella de parte del tendero-, todo se compraba “uneado”, el pan, los guineos, los cigarrillos, las mentas, los chocolatines, los huevos, las velas, los limones, la cerveza, etc.

    Con la llegada de las refrigeradoras, las dinámicas de consumo de “vivir al día” de los hogares, se vieron alteradas, ya se compraba en la plaza porciones de vegetales más grandes, también se podía preservar por más tiempo la leche, el queso, la carne, el chorizo, y otros alimentos perecibles; resultado de lo cual, aparecía  un notorio incremento en el pago del valor de la planilla de electricidad, entonces, la creatividad familiar entraba en acción y aparecían carteles en ventanas, que ofrecían helados, plátanos congelados, en especial si el hogar estaba ubicado cerca de escuelas o colegios. rsilvamayorga09@yahoo.com.ar