Vacunas

    Andrés Pachano Arias

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    A excepción de Chile, en Sudamérica se avanza a ritmo lento, por consiguiente, desesperante, en el proceso de vacunación para proteger a la población del Covid-19.

    Se excluye a Chile de la afirmación, en razón de la anticipación en la separación de las vacunas y en el acierto de su gobierno en la selección de los proveedores. Corrieron el riesgo de anticipar la compra de las primeras dosis de la empresa china Sinovac, aún antes de que se comprobara fehacientemente la efectividad de ellas; pero con una táctica adecuada de permitir y financiar ensayos clínicos, se les ha facilitado la disponibilidad de esas vacunas en una cantidad de 60 millones de dosis para los próximos años y disponen ya de 4 millones de dosis que al momento se aplica a su población; además, con una estrategia pragmática el gobierno chileno ha negociado con distintos laboratorios la provisión de vacunas con un horizonte de hasta tres años; en ese país hay una política de Estado frente a este problema, lo que no ocurre en la mayoría de países sudamericanos.

    En contraste, a nuestro dolido país al momento han llegado a cuenta gotas las dosis de vacunas, en número extremadamente reducido y utilizadas a discreción, a voluntad y muchas por avivatos; empero existe el anuncio que hasta fin de año se aspira inmunizar a 9 millones de habitantes, es decir alrededor del 52% de la población nacional; ¿y el resto de habitantes?

    Aún se desconoce la estrategia y el proceso de vacunación a aplicarse, lo que da pábulo a elucubraciones, a sueños imaginativos. Por ejemplo, imagino una feliz utopía que llama a consuelo más que a realidad; sueño que el país dispone del número adecuado de dosis, que utiliza el reciente padrón electoral y que convoca a una jornada masiva de vacunación a su población. Imagino felices hileras de ciudadanos que esperan la inoculación; filas que avanzan a ritmo sostenido como si fuera la elección presidencial. Imaginemos una junta de vacunación como si ella fuera una junta electoral. Y al final de esa utópica jornada: 13 millones de ecuatorianos vacunados.

    Sueño que al menos nos distrae de una triste realidad: nuestra pobreza de recursos, nuestra carencia de iniciativas.