Wednesday, April 14, 2021

Editorial Columnistas Nacionales Una enorme responsabilidad

Una enorme responsabilidad

El sufragio es una gran responsabilidad, un reto de quienes aspiramos a vivir en democracia. Recuerdo la primera vez que ejercí este derecho, para mí nunca fue una obligación; fue en 1978, cuando el proceso de vuelta a la democracia luego de largos años de dictadura nos permitió manifestar nuestra voluntad y elegir a las autoridades seccionales y luego a las nacionales.

Las elecciones deben ser siempre una fiesta, un momento de alegría, porque es la forma más explícita de vivir en democracia. Todo proceso es importante, pero ahora estamos abocados a definir en una elección crucial si nos manifestamos por el autoritarismo o por la libertad.

Quiero relevar la fecha del 11 de abril de 2021, cuando, en medio de una pandemia que se acelera, con todos los cuidados debemos cumplir con esa oportunidad de manifestarnos en las urnas, no hacerlo o anular el voto, es una tamaña irresponsabilidad.

Los más ancianos no están obligados a votar pero muchos octogenarios, inclusive nonagenarios, lo harán, prevalidos de que están contribuyendo al país. También, según la Constitución, los jóvenes de 16 y 17 años tienen la posibilidad de votar, es un voto optativo, que indudablemente apela a la formación de ciudadanía desde temprana edad. Es importante que cada joven sienta la necesidad de participar por propia convicción, porque lleva a la Patria como un valor sublime que no puede echarse por la borda.

Cuando hablo de responsabilidad, lo hago pensando en todos los ciudadanos ecuatorianos, pero sobre todo en los más jóvenes que lo hacen por primera vez, sin obligación legal pero sí el deber moral de ejercer este derecho.

Elegir autoridades se transforma en algo positivo que nos compromete con el devenir de un país fantástico como el Ecuador, con tantas posibilidades y riquezas, que lo único que necesita son buenos administradores.

El 11 de abril es una fecha importante, hay que marcarla en el calendario, no podemos encogernos de hombros y dejar que otros decidan por nosotros.

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