Un proceso manchado

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    El tira y afloja que estelarizaron los candidatos Guillermo Lasso y Yaku Pérez no fue un alentador ejemplo de diálogo democrático, sino el amargo recordatorio de cuán similar es la clase política actual a aquella que condujo a la debacle constituyente de 2008. Por medio de trampas, cursilería, instigación de la turba y pactos inauditos se busca, una vez más, justificar procedimientos que socavan la confianza en el sistema.

    Se supone que semejante encuentro, mezcla de conspiración con componenda nacional y golpe de Estado electoral, es justificable en nombre del ‘anti-correísmo’, una causa tan etérea y ferviente como la pasada guerra contra la ‘partidocracia’. Sin embargo, nadie tiene tan claro dónde termina la ‘descorreización’, sobre todo ahora que el expresidente Rafael Correa ya está sentenciado, sin cargo y sin partido.

    ¿Habrá que condenar a más exfuncionarios? ¿Encarcelar a los funcionarios ‘correístas’ recién electos? ¿Esperar a que Correa muera? ¿Comenzar una cacería de brujas de todos los que, desde 2006, hayan despertado la mínima sospecha de correísmo? ¿Prohibir luego la imagen, la voz, los escritos de Correa y borrarlo de los registros históricos? ¿Cuándo termina la tarea descorreizadora? Como nadie lo sabe, parece que estamos dispuestos a tolerar lo que sea en nombre de dicha causa, incluso conchabadas públicas e injurias televisadas.

    Pérez y Lasso parecen haber olvidado que el voto es secreto, que sus proyectos son irreconciliables y que no se puede usar a los votantes como moneda de cambio, cuan señores feudales tranzando tropas. Semejante indelicadeza es apenas el colofón de un proceso electoral manchado, hijo del indefendible proceso de consultas y reformas que el presidente Lenín Moreno impulsó en su estéril intento de lavar la mancha de la traición. 

    La verdadera victoria contra el correísmo, más que en las urnas, está en renunciar al carácter despiadado, descarado e inescrupuloso con el que era usual obrar durante la Revolución Ciudadana. Pero eso solo se logrará cuando, además de Lasso y Pérez, puedan estar presentes en la mesa de diálogo también Correa, Arauz, Nebot e Iza, para acordar una tregua y el fin de las bajezas.