Sesenta y dos años de bloqueo I

    Rocío Silva

    Por supuesto que nos enamoramos de la Revolución Cubana, o de lo que nos decían de ella; y más todavía, cuando desde la pluma de Ernesto Cardenal, conocimos un paraíso social, con más logros que errores, un proceso donde primaba la solidaridad al egoísmo; entonces, no nos importaba si se perseguían a “gusanos”, o se prohibía el jazz, el cabello largo y los pantalones a la moda, eso era nada,  si a cambio había una total erradicación del analfabetismo, y todos los cubanos tenían vivienda, salud, educación, vestimenta, alimentación equitativa, sin el mínimo privilegio aún para los más grandes escritores que se habían quedado en la isla.

    A través de la sintonía de Radio Habana Cuba de onda corta, alimentábamos nuestros más caros anhelos de reivindicación social y cultural, en programas como “Voces de la Revolución”, se hablaba de los avances inimaginables, ya sea en salud, en deporte, en educación, en medicina, en restauración de patrimonios. En una ocasión, entrevistaron al primer astronauta cubano que había ido al espacio con una expedición ruso-alemana oriental.

    ¿Cómo no creer en la Revolución? Si a vuelta de correo desde la radio recibíamos revistas y folletos que incluían la Constitución. Años más tarde, al pisar suelo cubano, mi primera decepción aparece en construcciones vetustas llenas de moho, con pisos destruidos, puertas y pupitres desvencijados; en las que, niños sonrientes con uniformes escolares raídos, te llaman “tía” (confundiéndome con turista española) y con desesperación piden lápices de colores, gomas de borrar, libretas de apuntes, chicles, bombones, ante la mirada impávida de su profesora.

    No entiendes qué pasa en esa Habana no turística, ¿Por qué está todo tan destruido y sucio?, ¿Por qué hay tantas personas flaquitas, sin dientes, con muletas o bastones?, ¿Por qué hay quienes llevan una funda y de reojo te susurran con temor: “matizado”? Percibes un hedor a mortecina, mientras miras bodegas de abastecimiento con estanterías viejas y vacías… Que antes no había sido así, que Fidel ha dicho que es el “periodo especial”, que la culpa es del bloqueo, que no todo es comida, que puedes hacer cambios si te ahorras las seis cervezas que te dan por tu cumpleaños… rsilvamayorga09@gmail.com