La Haitiana Quisqueya

    Andrés Pachano

    El dolor de Haití es el dolor de su historia, el dolor de sus miserias. Cuantas veces esta isla se ha ensangrentado ante la ira incontenible de sus habitantes.

    País caribeño que comparte el suelo de la antigua Quisqueya con República Dominicana, se lo nombra de manera usual en las páginas de las noticias por el impacto feroz de sus tragedias o de sus golpes de estado. En el 2010 fue por el devastador terremoto que le asoló, otras veces por los huracanes que le devastan; en estos días por la cruel ambición humana por el poder: el magnicidio del presidente Jovenel Moïse (¿por qué?), uno más en su dolorosa y sangrienta historia.

    Crimen que trae a la memoria los sucesos de julio de 1915; un pueblo enardecido en contra del rudo gobierno de Vilbrun Guillaume Sam se tomó Puerto Príncipe y rodeo el Palacio de Gobierno. El aún mandatario dispuso la ejecución de más de 150 presos políticos para los que los alzados reclamaban libertad, entre ellos el presidente Oreste Zamor. La ira cundió y el pueblo asaltó con fuerza la embajada de Francia, en donde se encontraba el presidente Sam; lo capturó y lo asesinó; la multitud en acto truculento recorrió las calles de Puerto Príncipe exhibiendo en lanzas su cuerpo desmembrado.

    Los esclavos negros de la Quisqueya francesa, cansados de la explotación se alzaron en armas; entre 1791 y 1806 combatieron y lograron su independencia; fue el primer país latinoamericano y el segundo del continente, en abandonar el coloniaje y fundarse como nación; sin embargo -como en nuestro caso- nació a su autonomía con una inmensa deuda que ha sido su dogal insufrible. De ser el más grande productor de azúcar del mundo, ha pasado a ser el país más pobre de esta Latinoamérica nuestra; de tener una verde geografía, gran parte de sus campos ahora son un erial estéril. Desde su proclamación como República, su historia ha sido la de la inestabilidad, la de los magnicidios, ejemplo Dessalines y Henry Cristhophe el Rey Negro de Haiti, suicidado con bala de oro (recomendable es la lectura de la novela de Jhon Vandercook), se han sumado a estas tragedias.

    ¿Cuál será el futuro, a donde irá la sufrida Quisqueya Haitiana?