Tiktokeros desaprensivos

    Luis Coello Kuon Yeng
    Luis Coello Kuon Yeng

    Dos estudiantes de Medicina asiduos de las redes sociales, se colaron en la vacunación contra la Covid-19 en el hospital del IESS ‘Teodoro Maldonado Carbo’. Sin ser miembros sanitarios de la primera línea de atención a personas con esta enfermedad. Algo inaceptable, inadecuado carente de ética y sin el reconocido compromiso social para aquellos que atienden directamente a los enfermos, son los más prioritarios. ¡Caras duras! ¡Sinvergüenzas! La corrupción disfrazada de viveza criolla está presente en todos los ámbitos de la vida pública nacional.

    No conoce limitaciones o restricciones y está en todo el espectro social y económico, no excluye edad, raza, condición económica, sexo, nivel educativo – cultural, religiosidad, todo un infinito universo de personas desaprensivas, carentes de moral, vergüenza, sin desfachatez y sin ética. Ahora surge la duda de si debemos administrarles a estas personas la segunda dosis o no. Y la ética de la vacunación sale y entra en nuestra ayuda.

    Estas personas deben recibir la segunda dosis, porque es mayor el bien que obtenemos al vacunarles (protegiéndoles a ellos y al resto de la población), que el daño que causaríamos a la sociedad al interrumpir el protocolo de vacunación y ponerles en riesgo a ellos y a su entorno. Es por lo tanto éticamente recomendable administrarles la segunda dosis, con independencia de que reciban un castigo, repudio o penalización administrativa, social o económica, que pueda conllevar sanciones, multas, dimisiones o ceses. Estos infractores siguen teniendo el derecho (por inaceptable que parezca) a ser correctamente vacunados, por inaceptable que haya sido su conducta.

    Éticamente, no podemos penalizarlos dejándolos sin la segunda dosis de la vacuna, sin completar el proceso, donde además acabaríamos perdiendo las dosis ya administradas, esto es la primera vacuna que se les colocó. Necesitamos humanizar la administración de vacunas contra la Covid-19 para que estas lleguen a todo el mundo, equitativamente, siguiendo los protocolos que se establezcan, atendiendo primero a quienes más las necesitan. Son jóvenes, estudiantes aún por ende intitulados, ojalá aprendan a comportarse y a saber llevar los apellidos que sus progenitores les dieron al nacer.

    Si algún día llegan a ser médicos, espero que este escarmiento que pinta a vergüenza les sirva de lección y que aprendan a comportarse, más en un momento como el que vivimos en esta pandemia. Den la cara y pidan disculpas.