Terminar con la cantaleta

    Jaime López Freire

    Creer en nosotros mismos es el valor humano fundamental que define la condición que nos posibilita comunicarnos, definir nuestras limitaciones, comprender y aceptar las de otros, en suma, nos permite ser y estar libres. Y no exagerar en el ejercicio que esto conlleva, no transgredir los límites naturales que enmarcan a una sociedad debidamente estructurada, en la que nuestros derechos terminan donde empiezan los de otros y empezar a fabricar cantaletas, previo rasgar las vestiduras, pretendiendo que se conviertan en verdades colectivas porque lo digo yo, que soy un referente,  y porque el tono de mi voz se destaca sobre el silencio cómplice de los que callan acobardados, refugiados en su indolencia, aupado por los asesores que no los escogí sino que me escogieron como justificativos de crear empresas que persiguen objetivos faltos de ética y moralidad. Ya basta de seguir con la cantaleta del fraude y no aceptar los veredictos de los observadores internacionales que estuvieron inmersos en la jornada electoral, basta de las cantaletas repetitivas que desnudan la falta de la capacidad administrativa de la señora Atamaint y su metedura de pata, consecuente con su origen porque, al parecer, lo que se pretende es la declaración de nulidad de las elecciones y que el borra y va de nuevo sea el paliativo para que la batalla covip19 termine con lo que nos queda de residuo. Basta con las cantaletas que imponen dejar de creer en nosotros mismos, basta de los argumentos de los delincuentes refugiados en México y Bélgica que dibujan una geografía que no es el País que siempre tuvimos como Patria Sagrada, Ecuador de nobles ancestros que fue atacado de manera inclemente en la década robada y que ahora quieren integrarlo al foro de Sao Paulo para formar con la agónica Venezuela una comunidad obediente al socialismo que nadie entiende. Reflexionar sobre el voto que debemos depositar es obligatorio para destruir a los criminales cobijados por ideologías que provocan vómito. Votar en contra del títere es ser dignos con nuestras generaciones