Soberana 2

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    Las injusticias son globales, como si hubiese dos mundos: uno “ancho y ajeno” para los multimillonarios, los ricos, los poderosos y otro que, siendo enorme, es muy reducido para los insignificantes 7.400 millones de pobres que habitan en el subdesarrollo y la pobreza. Esa desigualdad es mucho más patente en tiempos de pandemia: Apenas 10 países han comprado el 95% de las vacunas contra la Covid-19 producidas, según la OMS.

    Hasta ahora no existe ninguna propuesta que permita una distribución equitativa de la vacuna que garantice la inmunización de los pueblos del sur, de los pobres vulnerables en incipiente desarrollo. Así, sólo se consagra la creciente desigualdad en esta humanidad amenazada por los cuatro costados de su existencia.

    El Ecuador parece atado a la buena voluntad de las farmacéuticas Pfizer, AstraZeneca y alguna otra, pero se ha olvidado de vacunas probadas en América Latina como la rusa Sputnik V o la china CoronaVac.

    La buena noticia es que Cuba va a producir 100 millones de dosis de la Vacuna Soberana 1 y 2. La Soberana 2 es la más avanzada. Estas vacunas son producidas por el Instituto Finlay de La Habana. Se informó que la Soberana 2 entrará en el mes de marzo en la fase III, la última antes de ser aprobada, para la cual se vacunaría a 150.000 voluntarios cubanos y de otros países.

    En Cuba se han contagiado con el coronavirus algo más de 19.000 personas y se han contabilizado unos 180 fallecidos de una población de 11.2 millones de habitantes. Cuba produce sus vacunas y medicamentos con su desarrollada biotecnología.

    Los gobernantes de América Latina, más allá de ideologías, tienen el sagrado deber de proteger y velar por la supervivencia de sus poblaciones, sin que importe el estrato socio-económico, libre de corruptelas e ineptitudes.