Sesquicentenario 2022

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    POR: José Albuja Chaves

    Días atrás un prestigioso como acucioso periodista ibarreño, Lcdo. Jacinto Salas, nos hacía memoria que la ciudad de Ibarra, la Ciudad Blanca del Ecuador, cumpliría los 150 años de su reinstalación en su primigenio suelo de fundación española, luego de que un devastador terremoto, el 16 de agosto de 1868, casi lo borrara del mapa geográfico del país, con una mortandad arrasadora al igual que otros pueblos imbabureños y carchenses.

    Tal confusión primó en sus pocos sobrevivientes que muchos abandonaron las ruinas de sus hogares con familiares incluidos bajo escombros, para refugiarse en las faldas del tutelar Imbabura, y los pudientes volvían presas del dolor e incredulidad a sus haciendas, cuando no impulsaron camino a Quito.

    Santa María de la Esperanza fue el cobijo de una nueva ciudad nacida entre el dolor, la nostalgia y la incertidumbre. Allí compartieron sus penas y organizaron el nuevo Cabildo que columbre un nuevo despertar de vitalidad.

    Pero, una suerte de milagro, comparada con el resurgir del Ave Fénix, anidaba en sus pechos y en sus sentimientos. Era el de volver. Volver a su suelo propio. Al suyo y de sus antepasados inmediatos y mediatos desde el 28 de septiembre de 1606.

    Y García Moreno, delegado del presidente Javier Espinosa, sería el gran conductor de la esperanza. Y el gran arquitecto de la reconstrucción. Dura gestión, casi temeraria y autocrática, pero de extraordinarias evidencias para devolver una ciudad de cara al futuro, con nuevo trazado, con elementales servicios urbanos, y con el inicio de un centro urbano en verdadera y nueva eclosión.

    Así, el 28 de abril de 1872, unas mil almas con cuerpo y espíritu, hombres y mujeres, nuevos niños, volvían ufanos, sorprendidos, a percibir una nueva esperanza. Este acontecimiento histórico se conoce como el Retorno.

    Y se propone, entonces, que a los 150 años, en abril de 2022, se celebre esta festividad con verdadero fervor cívico. No con jaranas y agenditas clientelares. Se celebre con el corazón henchido de amor y entusiasmo. Con eventos culturales e históricos, para seguir escribiendo más páginas de gloria para esta ciudad, que a veces parece que injustamente pierde su memoria y la dirección que la legaron sus antepasados.