Retazos de institucionalidad

    Por: Agustín Sánchez

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    En reiteradas ocasiones he concentrado este espacio para alertar la crisis institucional que vive el país a todo nivel de gobierno, si bien el gobierno central se lleva el protagonismo de los mayores hechos bochornosos, al parecer ha contagiado ese ánimo de desvergüenza a otras instituciones de la administración pública, retaceando la república.

    La credibilidad y confianza en las instituciones estatales se encuentra gravemente erosionada, los niveles de aceptación de las autoridades es paupérrima, lo más grave es que la ciudadanía pretende desentenderse de las consecuencias que trae consigo el desprestigio de la cosa pública.

    Nos han acostumbrado y quién sabe convencido, que las instituciones tienen dueños que pertenecen a un cercano círculo del poder de turno, por qué habremos de soportar los escándalos que involucran a gente cercana a las autoridades, que se enlazan a millonarios negociados y que administran contratos como si los bienes y recursos de la ciudad les pertenecen. Tengamos presente lo que decía Juan Montalvo “Robar a la Nación es robar a todos; el que roba es dos, cuatro y diez veces ladrón (…)”. Es inconcebible lo que atraviesa la capital tras las revelaciones que involucran a familiares cercanos del burgomaestre, como también resulta escandaloso “la pelea de compadres” recientemente surgida en el cabildo ambateño, donde se percibe y denuncia pugnas de poder que han entorpecido el quehacer municipal y en consecuencia el desarrollo de la ciudad.

    Una autoridad debe saber que ese emblemático sillón que ocupa, el cargo y poder que ostenta, son momentáneos, que se debe a sus mandantes, no a los financistas de campaña, amigos o familiares, debe tener en cuenta una frase lapidaria, cuyo autor desconozco, y que señala “hay personas que no son leales a ti, sino a lo que tu tienes o representas, tan pronto cambien sus necesidades cambiarán sus lealtades”.

    Su responsabilidad es actuar sin cálculos políticos sino en beneficio de quiénes confiaron en sus cualidades, rodeándose de gente con trayectoria limpia y capacidad, convencida que el interés general prevalece sobre el individual.