Recuerdo de Montalvo

    El pasado lunes se celebró el Día del Maestro Ecuatoriano. La conmemoración la decretó el presidente Alfredo Baquerizo Moreno en 1920 escogiendo para ello la fecha de nacimiento del escritor ambateño Juan Montalvo (1832 – 1889). Aunque Montalvo nunca ejerció la docencia -al menos no en estricto sentido- influyó quizás en la decisión del presidente un recuerdo personal: cuando Baquerizo Moreno era joven compartió la misma casa con Montalvo en la calle del Comercio Bajo (actual Guayaquil) en Quito.

    Don Juan había regresado de su exilio luego del asesinato de García Moreno y rentaba un modesto departamento en la planta alta de aquel caserón. – “Habitación en piso bajo, de ninguna manera admita usted. Mi salud no lo sufre” le había advertido en carta a su amigo Rafael Portilla, encargado de preparar todo lo necesario para el arribo del proscrito.

    No duró mucho tiempo la estancia de Montalvo en Quito. Un malhadado incidente con el ministro Manuel Gómez de la Torre -otrora su benefactor- precedió a los acontecimientos que culminaron con el golpe de estado de Ignacio de Veintemilla contra el régimen constitucional del presidente Antonio Borrero.

    Montalvo salió nuevamente al exilio. Desde París, en Las Catilinarias colgó en la picota histórica al “mudo” Veintemilla. Montalvo le tenía antipatía desde hace muchos atrás cuando ambos coincidieron en París: Veintemilla, gran amigo del trago, se había puesto a orinar en plenos Campos Elíseos.

    Los prolongados exilios mantuvieron a Montalvo en permanente y aguda pobreza.  Siempre sensible con los desposeídos, una tarde, en París, regaló el último franco que le quedaba a una muchacha desamparada. – “¿No se lo había de dar? – escribió don Juan- Todos estamos obligados a dar de comer al hambriento (…) y cuando el sol se ponía, bajé por el Trocadero y  puesto de codos en el brocal del puente del Alma, me estuve viendo azul el turbio Sena…”.