lunes, julio 26, 2021
Editorial Columnistas Nacionales Quito desde la vereda

Quito desde la vereda

César Ulloa

Si algo no se recupera en la vida es el tiempo y la ciudad de Quito está entrampada en esta situación. Vive una acumulación de problemas que han rebasado la capacidad de resolución de sus administradores. La población que mira lo que sucede desde la vereda, es decir, aquellas personas de la calle han caído en un estado que combina asombro, indignación, desconfianza y hasta indiferencia. Pese a la gravedad de los hechos, sin embargo, hay destellos de rebeldía, en el mejor sentido de los términos, pues varios colectivos comenzaron a levantar sus voces en dos vías: denuncia y propuesta, pero todavía no es suficiente.

El catálogo de propuestas para replantear la crisis en Quito inicia con la representación política. Está comprobado hasta la saciedad que no se puede gobernar ninguna ciudad con la fragmentación que existe y, peor aún, si no hay la madurez de los concejales para convivir en un contexto de diversas opciones políticas. Este problema no es exclusivo de los partidos y su dirigencia, sino y sobre todo, de los ciudadanos que no exigimos de las organizaciones políticas actuar con responsabilidad, democracia interna y un proceso de selección de cuadros con tres elementos indispensables: credenciales éticas, conocimiento y compromiso.

Cada semana que el problema continúa en Quito se duplica el tiempo para resolverlo. El populismo nos llevó, en primer lugar, a votar por la revolución y no pasó nada, luego a votar en contra del Socialismo del Siglo XXI y tampoco pasó nada y finalmente, la fragmentación puso en el principal sillón de la capital a un burgomaestre que apenas contaba con el respaldo de dos de cada diez quiteños. Cada episodio fue un retroceso en todo sentido: un metro que no funciona, cráteres en todas las calles, inseguridad todos los lugares, desmantelamiento del orden público y el ornato descuidado.  La remoción del Alcalde, apenas evidencia los problemas que se arrastran desde hace 12 años. La tarea es para todos, no solo de los partidos y los políticos. Solo se consigue más ciudad con ciudadanía.

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