martes, agosto 3, 2021
Editorial Columnistas Nacionales ¿Qué con la posmodernidad…?

¿Qué con la posmodernidad…?

Alfonso Espín Mosquera

Las conductas se han vuelto livianas, flojas para decirlas de otra manera, y se apela a una tolerancia que no tiene límite, lo cual sería bueno en cuanto al respeto por los demás, pero muchas veces olvida el bien común

El mundo vive en plena Posmodernidad y ciertamente no es un término más, sino una etapa definida por una serie de características, como la desilusión por el progreso que proponía la Modernidad y la búsqueda constante de la satisfacción y placer personal; con la creencia de que existen muchos puntos de vista, todos con su valor particular; sin darle mayor importancia al canal por el cual llega una novedad, cuanto al contenido mismo y, fundamentalmente, con la certeza de que no existe una verdad absoluta y por tanto tampoco el bien y el mal, pues todo depende del entorno de cada ser, sus valores y creencias, situación que nos lleva a vivir en nuestros propios espacios, sin intervenir en la vida de los demás.

También hay que sumar a lo anterior, como una característica de esta posmodernidad, el fin de lo que se conocen como los “metarrelatos”, las filosofías que debían seguirse como una posibilidad de mejoría y que fueron impuestas para la “liberación” del ser humano. De hecho, estas doctrinas, que hoy al parecer tocan fondo, como el Cristianismo, Iluminismo, Capitalismo y Marxismo y, que desde el punto de vista del filósofo francés Lyotard, carecen de valor absoluto y son más bien una forma de manipulación de las masas, no han logrado su objetivo liberador.

Vale además pensar que esta es una época en la que no se puede hablar de una verdad universal y por tanto nos movemos en el “relativismo”, todas las ideas, culturas, conceptos y valores son válidos en un contexto determinado y lo máximo que existen son verdades pequeñas, válidas para determinado grupos de personas en la sociedad.

Así, unidos al pensamiento del italiano Gianni Vattimo, el mundo solamente se puede ver desde una óptica personal, pues ninguna creencia ni doctrina es más importante ni globaliza algo universal.

Visto el medio en el que nos movemos, las conductas se han vuelto livianas, flojas para decirlas de otra manera, y se apela a una tolerancia que no tiene límite, lo cual sería bueno en cuanto al respeto por los demás, pero muchas veces esta cultura “light” que lo invade todo, desde la selección y compra de alimentos, siempre y cuando sean precisamente “light”, hasta pensamientos extremadamente ególatras que olvidan el bien común detrás de la oportunidad y triunfo individual, nos invaden al punto que debemos hacer un alto como miembros de una comunidad para comprometernos con seriedad con los sucesos de la Patria, que son también los de cada uno, de lo contrario no construiremos mejores días.

 

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