Ya se sabía

Rodrigo Santillán Peralbo

En la última década, más perdida que ganada, a los denunciantes de robos, atracos, corrupciones se les insultó, enjuició y se los persiguió con inusitado denuedo y odio revanchista. Allí están los casos emblemáticos del periodista Fernando Villavicencio y del exasambleísta Cléver Jiménez, o de la Comisión Nacional Anticorrupción con varios juicios en su contra; en tanto que a los acusados se les rendía homenajes, se dijo que las coimas no perjudicaban al Estado, que los sobornos eran arreglos entre particulares.

En la lucha contra la corrupción aparecen algunos indicios, unos pocos han recibido acusaciones formales, pero los peces gordos nunca asoman en ninguna lista. La Fiscalía General anunció que el monto de las corrupciones puede superar los 33.5 millones de dólares informados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, pero el pueblo que es el más perjudicado permanece impávido ante tanto robo mientras que una minoría protesta y se niega a ser cómplice del latrocinio.

Se ha montado un espectáculo para enjuiciar políticamente al vicepresidente de la República Jorge Glas, a quien se le acusa de ser el responsable político de los sectores estratégicos en los que se han producido las grandes corrupciones, pero nadie le puede acusar sin pruebas, de ser el culpable de sobornos, coimas, enriquecimiento ilícito, lavado de dinero, peculado, cohecho, concusión, pero solo la sospecha ya es un atentado a la honra y dignidad del Vicepresidente.

Ya se sabía que el juicio político iniciado por la oposición no pasaría el primer filtro del Consejo de Administración Legislativa -CAL-, tal como ya se anunciara. Todo ha sido una pérdida de tiempo y dinero, y nada ocurrirá en tanto la mayoría de AP domine la Asamblea Nacional. ¿Llegará la “cirugía mayor”?

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