Un siglo y falta

Pablo Escandón Montenegro

No es solo por ser hincha, no es solo porque es herencia de familia, tampoco porque mi primo y mi tío jugaron allí, sino porque la razón no pide fuerza y es el equipo ecuatoriano más exitoso en el fútbol sudamericano.

Los hinchas de otras escuadras tendrán sus razones para querer a su equipo, como hacen los auquistas o los chullas. Ser parte de un equipo de fútbol como como miembro de una determinada comunidad deportiva es igual a encontrar el amor. Algunos lo encontramos con la Liga y otros dan tumbos hasta que encuentran quien les aguante.

Cien años de historia que han marcado la vida del país y de la ciudad. No se podría concebir a Quito sin la Liga Deportiva Universitaria: por sus alcaldes hinchas, por sus caravanas, por los festejos en la pileta universitaria que congestionó el tránsito en la avenida América, por los sufrimientos cuando en dos ocasiones bajó a segunda.

Lo mismo podrán contar los hinchas de otros equipos: de sus ritos, de sus cábalas, de sus alegrías y de sus tristezas. Lo mismo decimos de nuestra familia, nuestros amores, nuestros hijos e hijas. Un equipo de fútbol es un integrante de la familia. Es como la colada morada o la fanesca, una tradición propia y particular.

Soy hincha novelero, como dijo Paz, y esa novelería se volvió cábala. Desde la final del 90, cuando voy solo al último partido del campeonato, la Liguita nunca ha perdido.

La historia del fútbol no es solo la de Liga, es la del España, el Atahualpa, el Aucas, el Argentina, que luego fue Deportivo Quito. Festejar los cien años de Liga de Quito es festejar cada uno de los partidos jugados contra grandes rivales en el Arbolito, el Atahualpa y la Casa Blanca. Cien años para pensar que el fútbol es más que marcas, auspicios y negocios. Cien años de contar nuestra historia con el equipo.

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