Tiempo de Navidad

Franklin Barriga López

Uno de los acontecimientos de relevancia en el mundo cristiano es el que atañe a esta conmemoración que entraña sentimientos de concordia, bondad, solidaridad, esencia familiar, puesto que la remembranza transporta a la época de la infancia, con la presencia de los padres y más personas que configuran la familia y los ancestros de ella: luz que se prende para vencer las sombras que no faltan y hasta acechan en el paisaje de la condición humana.

El tiempo de Navidad conlleva valores sustantivos que no deben perderse ante la avalancha consumista. Antes que el regalo más caro con el que se quiere representar mayor afecto es necesario volver al significado de una sonrisa franca, del abrazo cordial y sincero, del parabién que refleja el idealismo tan venido a menos.

Resuenan en la mente emocionada la alegría del villancico, la representación del pesebre, el canto entrañable y conmovedor de Noche de Paz, ese sentimiento incomparable que es mezcla de nostalgia y alegría, de tristeza y evocación.

El árbol navideño es otro referente de simbolismo: tuvo su antepasado en el Árbol del Universo o Idrasil que configuraron las culturas nórdicas para exaltar la importancia del sol, en el solsticio de invierno. San Bonifacio lo sustituyó con un pino y los adornos que perduran por siglos.

Demasiadas arremetidas de odio inundan el planeta, con secuelas de muerte, sufrimiento y desesperanza: las heridas del alma deben ser restañadas con el bálsamo del amor y la comprensión, la ayuda al prójimo desvalido y la fuerza de la bondad que acaba con los precipicios sociales y los estremecimientos que desdeñan la sana convivencia.

Magnífico, recomendable al máximo sería que el espíritu de la Navidad no sea únicamente en diciembre sino todo el año.


f-barri@uio.satnet.net

Franklin Barriga López

Uno de los acontecimientos de relevancia en el mundo cristiano es el que atañe a esta conmemoración que entraña sentimientos de concordia, bondad, solidaridad, esencia familiar, puesto que la remembranza transporta a la época de la infancia, con la presencia de los padres y más personas que configuran la familia y los ancestros de ella: luz que se prende para vencer las sombras que no faltan y hasta acechan en el paisaje de la condición humana.

El tiempo de Navidad conlleva valores sustantivos que no deben perderse ante la avalancha consumista. Antes que el regalo más caro con el que se quiere representar mayor afecto es necesario volver al significado de una sonrisa franca, del abrazo cordial y sincero, del parabién que refleja el idealismo tan venido a menos.

Resuenan en la mente emocionada la alegría del villancico, la representación del pesebre, el canto entrañable y conmovedor de Noche de Paz, ese sentimiento incomparable que es mezcla de nostalgia y alegría, de tristeza y evocación.

El árbol navideño es otro referente de simbolismo: tuvo su antepasado en el Árbol del Universo o Idrasil que configuraron las culturas nórdicas para exaltar la importancia del sol, en el solsticio de invierno. San Bonifacio lo sustituyó con un pino y los adornos que perduran por siglos.

Demasiadas arremetidas de odio inundan el planeta, con secuelas de muerte, sufrimiento y desesperanza: las heridas del alma deben ser restañadas con el bálsamo del amor y la comprensión, la ayuda al prójimo desvalido y la fuerza de la bondad que acaba con los precipicios sociales y los estremecimientos que desdeñan la sana convivencia.

Magnífico, recomendable al máximo sería que el espíritu de la Navidad no sea únicamente en diciembre sino todo el año.


f-barri@uio.satnet.net

Franklin Barriga López

Uno de los acontecimientos de relevancia en el mundo cristiano es el que atañe a esta conmemoración que entraña sentimientos de concordia, bondad, solidaridad, esencia familiar, puesto que la remembranza transporta a la época de la infancia, con la presencia de los padres y más personas que configuran la familia y los ancestros de ella: luz que se prende para vencer las sombras que no faltan y hasta acechan en el paisaje de la condición humana.

El tiempo de Navidad conlleva valores sustantivos que no deben perderse ante la avalancha consumista. Antes que el regalo más caro con el que se quiere representar mayor afecto es necesario volver al significado de una sonrisa franca, del abrazo cordial y sincero, del parabién que refleja el idealismo tan venido a menos.

Resuenan en la mente emocionada la alegría del villancico, la representación del pesebre, el canto entrañable y conmovedor de Noche de Paz, ese sentimiento incomparable que es mezcla de nostalgia y alegría, de tristeza y evocación.

El árbol navideño es otro referente de simbolismo: tuvo su antepasado en el Árbol del Universo o Idrasil que configuraron las culturas nórdicas para exaltar la importancia del sol, en el solsticio de invierno. San Bonifacio lo sustituyó con un pino y los adornos que perduran por siglos.

Demasiadas arremetidas de odio inundan el planeta, con secuelas de muerte, sufrimiento y desesperanza: las heridas del alma deben ser restañadas con el bálsamo del amor y la comprensión, la ayuda al prójimo desvalido y la fuerza de la bondad que acaba con los precipicios sociales y los estremecimientos que desdeñan la sana convivencia.

Magnífico, recomendable al máximo sería que el espíritu de la Navidad no sea únicamente en diciembre sino todo el año.


f-barri@uio.satnet.net

Franklin Barriga López

Uno de los acontecimientos de relevancia en el mundo cristiano es el que atañe a esta conmemoración que entraña sentimientos de concordia, bondad, solidaridad, esencia familiar, puesto que la remembranza transporta a la época de la infancia, con la presencia de los padres y más personas que configuran la familia y los ancestros de ella: luz que se prende para vencer las sombras que no faltan y hasta acechan en el paisaje de la condición humana.

El tiempo de Navidad conlleva valores sustantivos que no deben perderse ante la avalancha consumista. Antes que el regalo más caro con el que se quiere representar mayor afecto es necesario volver al significado de una sonrisa franca, del abrazo cordial y sincero, del parabién que refleja el idealismo tan venido a menos.

Resuenan en la mente emocionada la alegría del villancico, la representación del pesebre, el canto entrañable y conmovedor de Noche de Paz, ese sentimiento incomparable que es mezcla de nostalgia y alegría, de tristeza y evocación.

El árbol navideño es otro referente de simbolismo: tuvo su antepasado en el Árbol del Universo o Idrasil que configuraron las culturas nórdicas para exaltar la importancia del sol, en el solsticio de invierno. San Bonifacio lo sustituyó con un pino y los adornos que perduran por siglos.

Demasiadas arremetidas de odio inundan el planeta, con secuelas de muerte, sufrimiento y desesperanza: las heridas del alma deben ser restañadas con el bálsamo del amor y la comprensión, la ayuda al prójimo desvalido y la fuerza de la bondad que acaba con los precipicios sociales y los estremecimientos que desdeñan la sana convivencia.

Magnífico, recomendable al máximo sería que el espíritu de la Navidad no sea únicamente en diciembre sino todo el año.


f-barri@uio.satnet.net