¿Sin Correa?

Aunque esté ratificada la sentencia por delincuencia organizada y muerte política para Rafael Correa y 19 acusados, el proyecto populista que representa: divisionismo, autoritarismo y fraccionamiento sobrevivirá. Esto en el contexto de una sociedad empobrecida y endeudada que busca escape en alguna corriente alternativa que sume apoyo popular para resolver temas de educación, salud, trabajo y vivienda. Y, si el correísmo sin Correa existe, será un péndulo decisivo en las elecciones 2021.

La unión de la centro derecha no podrá aquietar las aguas turbulentas de la política agitadas por la retórica del desprestigio judicial, la impunidad, y las intentonas golpistas octubrinas. Entre otras cosas, porque si bien, el llamado del candidato Guillermo Lasso a Otto Sonnenholzner y Álvaro Noboa, reforzada por los apoyos de Jaime Nebot, pueden servir para derrotar al correísmo y sus adictos cohesionado momentáneamente por la victimización del caudillo, la ausencia de Quito en la papeleta, el abandono del páramo y el mal manejo de la pandemia; esto mismo, le complicaría presentarse como opción heterogénea ante el indigenismo, los jóvenes y fuerzas ecologistas organizadas que hoy claman por empleo, redistribución del ingreso, detener la explotación minera, defender el ambiente, salud gratuita, educación de calidad y eliminar impuestos.

Un debate público sería suficiente. Una fase electoral decisiva donde constataríamos la disputa ambientalista por Sierra, Costa, Amazonía y la fauna marina insular. La narrativa del candidato Yaku anti-minero y el quiteñismo heroico de César Montúfar que intentarían acabar con el caos correísta y poner balance a la discusión en economía y la reactivación de emprendimientos. El mecanismo de retorno del dinero saqueado.

Con precisión de relojero llegaríamos al rector que hizo lavandería del narcotráfico y caja chica a la seguridad social de la Policía Nacional desde una universidad privada. El uso y el abuso de dinero público para dar becas estudiantiles y consulados a cambio de favores durante la apoteosis del correísmo. Ese proceso de 14 años, modulable, gelatinoso, que tiende a negarse a pesar de contundentes evidencias; guía del pecado para prófugos y delincuentes. Claro, un correísta al desnudo aspira a la dictadura y al totalitarismo pero sin propaganda ni violencia, mentira e infamia, ya no hay correísmo.

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