Relato xenófobo

Roque Rivas Zambrano

Ricardo es odontólogo. A su consulta llegó una niña de diez años acompañada de su madre. El diagnóstico fue fractura de incisivos centrales superiores por trauma. Tenía rotos sus dientes delanteros debido a un golpe. Estas lesiones son comunes en los niños, más cuando empiezan a desplazarse, gatear o practicar algún deporte… por lo que al especialista no le llamó la atención. Sin embargo, fue al registrar la información en la historia clínica de su paciente que quedó perplejo.

Se trataba de un relato xenófobo. El escenario: el transporte público. En el recorrido al sur de Quito, un hombre intentó tocar las partes íntimas de la niña. Ella gritó. Para callarla, el individuo le propinó un golpe con el codo. Al percatarse de lo que estaba sucediendo, la madre empujó y enfrentó al sujeto. Los pasajeros, que presenciaron el hecho, lejos de solidarizarse con la mujer fingieron demencia. Las víctimas de la agresión fueron obligadas a bajar del transporte “por ser extranjeras y exageradas con el pobre hombre”.

No se quedaron de brazos cruzados y, con la ayuda de varias instituciones, lograron conseguir el video captado por la cámara de la unidad de transporte, que respalda su versión de los hechos. Ricardo se indignó ante una realidad dolorosa: el nivel de odio hacia los migrantes venezolanos llegó al punto en que la gente es capaz de proteger a un “desadaptado” y culpar a las verdaderas víctimas.

Enseguida escribió un texto en Facebook. Contó la historia y pidió a sus contactos reflexionar sobre ella. Dejó claro que no era bueno para pelear, pero sí para defender a quienes lo necesitan. Su abuelo le enseñó que quien está del lado de las causas justas siempre tendrá las de ganar. Defender a las víctimas, sin importar su procedencia, es estar del lado correcto.

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