Oscar Pérez (+)

Santiago Pérez Samaniego

¿Cómo se garantiza el respeto a los derechos humanos (DD.HH.) en un país como Venezuela?. ¿Es posible justificar la muerte de cualquier persona por reivindicar posiciones políticas extremistas? ¿Es posible radicalizar procesos cada vez más perversos y autoritarios a pesar del cuestionamiento y desaprobación nacional e internacional?.

Estas son algunas de las preguntas que me he planteado en los últimos días a propósito de la muerte de Oscar Pérez y sus colaboradores. Los DD.HH. son un conjunto de principios inherentes a todos los seres humanos, garantizados en la mayoría de los sistemas contemporáneos a nivel mundial y que muchas veces tienen primacía sobre las normas más relevantes. Así, es deber de los Estados promover, garantizar, proteger todos los DD.HH. y las libertades fundamentales, independientemente de sus sistemas políticos, económicos y culturales. Sobre Venezuela existen muchas recomendaciones, denuncias y pronunciamientos internacionales tanto de Estado como de Organizaciones como Naciones Unidas o la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos sobre el rechazo a las constantes violaciones a los DD.HH., a la institucionalidad democrática, violencia, seguridad, derechos económicos. Estas denuncias no han tenido repercusión en el accionar de ese gobierno marcado por la ausencia absoluta de un Estado de Derecho.

Podemos llegar a pensar que la muerte de Oscar Pérez fue producto de un asesinato extrajudicial. En los protocolos y procedimientos de intervención policial y mantenimiento del orden público, “rendirse” supone deponer armas y ponerse voluntariamente en custodia del órgano de justicia. En este acto de violencia extrema se quebrantaron todas las normas internacionales y garantías incorporadas en el ordenamiento venezolano en DD.HH. con el uso intencionalmente letal de la fuerza, irrespetando el debido proceso, a las garantías de defensa, a la vida.

Este es un caso más que corrobora la violación sistemática de los DD.HH. que vive Venezuela, con un régimen autoritario que con la violencia intenta revindicar un sistema que tanto en la región como en el mundo tiene cada vez menos adeptos. (O)

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