Morir esperando

Pablo Izquierdo Pinos

A 63 años del primer trasplante renal realizado en EE.UU., hoy los trasplantes de córnea, riñón, hígado, páncreas, médula ósea, pulmones y otros son un asunto rutinario en muchos países de nuestra región. Fuimos ‘el jaguar latinoamericano’ por los petrodólares y los burócratas ‘(i) responsables’ gastaron en lo que dejó más plata en corrupción e impunidad: hierro, cemento, equipos, consultorías, compra de servicios. En Salud, el daño para pacientes en espera de un trasplante fue nefasto.

El primer trasplante de riñón en Latinoamérica fue en Argentina en 1957, ahora realizan trasplante cruzado. En los años siguientes Brasil, Argentina, Chile, Colombia, trasplantaron corazón, hígado, páncreas, intestino delgado. Pese a la alta tasa de donantes en esos países el problema ya no es técnico, sino el de la escasez de órganos. Aquí el retraso es de 30 años, los primeros trasplantes de riñón se realizan a partir de 1976 y hoy pese a tener los cirujanos trasplantólogos formados en los mejores hospitales del mundo, los trasplantes nunca fueron considerados una verdadera política de Estado.

Más allá de la burda y millonaria propaganda política clientelar, tenemos la tasa de donantes más baja después de Bolivia: 2,5 donantes por millón de habitantes y el presupuesto del Indot es vergonzante: 1’400.000 dólares. El autobombo de Espinosa en el IESS y Espinel en el MIES, quintuplica esa cifra.Hay 3.000 pacientes sometidos a diálisis y la lista de espera para trasplantes de riñón, córnea, médula ósea, aumenta.

Se mueren 100 pacientes por año confiando en un trasplante de hígado. Los que lo logran padecen la falta de medicamentos por meses y cuando les dan son genéricos de pésima calidad, que favorecen el rechazo y la mortalidad.

La donación de órganos es un tema desconocido. No hay información desde el Estado y el momento definido para expresar la voluntad de ser donantes no pasa de ser un mero trámite en el Registro Civil, donde ni siquiera preguntan y lo dan por hecho, pese a que la decisión final es de la familia. Hay descoordinación entre el IESS, el MSP y los hospitales acreditados. Condenan a los que esperan.

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