Moisés era egipcio

Eduardo Naranjo Cruz

La historia contada con intención de obtener réditos y fomentar la aglutinación social en torno al mito tiene muchas vueltas vaporosas que se diluyen en el tiempo. En la actualidad, con el desarrollo del pensamiento crítico, se ajustan detalles y contrastan escenarios, así es como el gran sabio Sigmund Freud, nos devela un tema interesante que explica muchas cosas actuales.

En su obra “Moisés y el monoteísmo”, este investigador judío, basado en documentos de historiadores serios, señala que el famoso líder de su pueblo fue un príncipe egipcio que perteneció a la dinastía XVIII, la cual “hizo de Egipto un imperio mundial, que de hecho desarrolló las nociones religiosas”.

Moisés, nombre que es una modificación de la fonética judía al nombre original de este egipcio, príncipe de la corte del famoso Ikhnaton o Aquenaton, que, inspirado en nuestra estrella, el Sol, creó una sola divinidad (Aton), que potenciaría mucho las creencias, en vez de la fragmentación de múltiples divinidades que se manejaban, pero el poder de la secta religiosa retornó con furia una vez fallecido el Faraón.

Moisés decidió salir de aquel territorio analizando lo que ocurriría y optó por adoptar al pueblo esclavizado de judíos, los dirigió hacia la búsqueda de tierras propias, Freud señala la práctica de circuncisión como originada en los antiguos egipcios. Es evidente que el liderazgo de Moisés se da por su nivel cultural y su fuerte temperamento, que le permitió sacar a ese pueblo de la esclavitud y llevarlos a fundar una nación coherente y con un solo Dios, facilitando su rápido ascenso en la cultura y que, sumadas las nociones heredadas, se convertiría en uno de los actuales dominadores del mundo, que por controvertido que sea, ha tenido numerosos genios en su línea genética.

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