Liberal

Pablo Escandón Montenegro

De la historia del liberalismo se cumplen 124 años. Nos hemos olvidado intencionalmente de la figura de Leónidas Plaza Gutiérrez, el padre de quien fuera para muchos el mejor presidente del siglo XX: Galo Plaza Lasso.

En toda historia de la lucha entre conservadores y liberales, sobresale el nombre de Eloy Alfaro, como la figura histórica y política más destacada e importante. La historia no solo olvida a los perdedores, sino que descarta a los segundos o acompañantes que hicieron posible el triunfo del líder.

Como con Carapaz, que triunfó gracias al equipo que pedaleó para él. Sin equipo no habría tenido el soporte para destacar. Igual que en una banda de rock, donde la guitarra líder no se destaca sin el acompañamiento. Así fue Leónidas Plaza Gutiérrez, el manaba que luchó como miliciano en Centroamérica y que ayudó a que el liberalismo político y económico se instaurara en el país.

De la historia liberal, se ha olvidado que estos milicianos y luego militares fueron quienes modernizaron las ciudades, principalmente Plaza. Fue él quien contrató las construcciones de los hermanos Durini, a quienes conoció en sus luchas por Costa Rica y El Salvador. El liberalismo no fue una propuesta estrictamente anticlerical, como la hacen notar algunos historiadores de la iglesia. Fue una renovación estética, social y económica: de modernidad, como el tren

Al liberalismo alfarista le debemos el Palacio de la Exposición, en Quito, ahora complejo de La Recoleta donde funciona el Ministerio de Defensa. Al liberalismo placista, el Monumento al 10 de Agosto, en la Plaza Grande de Quito, el parque Montalvo en Ambato y espacios notables del Cementerio General de Guayaquil. Como todo proceso de concentración de poder, el liberalismo devino en plutocracia y decadencia social, como otras iniciativas de hacerse eternamente con el poder.

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