Las masculinidades

Jorge Oviedo Rueda

Hay como una polvareda universal por esto de las “nuevas masculinidades” con lo cual se quiere decir que el sexo masculino, para estar a tono con los tiempos, se tiene que, de alguna forma, feminizar.

Como siempre sucede, los asuntos de fondo comienzan a ser discutidos, desde lo más superficial a lo más profundo. ¿Deben los hombres ayudar en las tareas domésticas?, ¿deben llorar?, ¿deben expresar sus sentimientos?, ¿deben aceptar que la mujer es su par y no su esclava? Y así, por el estilo, una larga lista de inquietudes que reflejan los síntomas de que una época está llegando a su fin.

¿Sabía usted, amable lector, que desde la década de los años setenta en Cuba, legalmente un hombre puede ir preso por no ayudar a su compañera en las tareas domésticas?, ¿qué el Código Civil obliga a la mujer a conservar su apellido de soltera? Una legislación que se recoge en el Código de la Niñez y la Familia y que está pensada en función de acabar con el concepto de la familia patriarcal. Y ese es el tema de fondo, ¿cuál es el tipo de familia que debemos tener para que exista una sociedad saludable?

La familia patriarcal existe desde la época de los griegos. Aristóteles opinaba que la mujer era como la tierra: ella principio pasivo, él, activo. En el medioevo él era el guerrero, ella la madre de sus hijos; en el Renacimiento comienza a perfilarse la imagen de la familia burguesa.

La familia como un contrato entre desiguales, en el que la mujer lleva la peor parte. Ese hilo conductor de la familia patriarcal no se ha roto, pero la familia de hoy no se puede sostener en ese viejo andamiaje. Una familia de iguales será el núcleo fundamental de una nueva sociedad. No se trata de acabar con la familia, se trata de tener otro tipo de familia.

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