La verdad

César Ulloa

Desde que alguien dijo que la verdad nos haría libres, la así llamada verdad se ha relativizado en el sentido de que cada cual tiene la suya, sin perder de vista el papel que jugaron las tesis acerca del fin de los grandes relatos, la historia y las ideologías a fines de los años 80 e, incluso, el valor supremo que adquirió el consumismo debido al impulso que le dieron varios sectores económicos bajo el criterio de que la individuación del sujeto es el fin último de la sociedad liberal. Dicho de otro modo, la verdad está en todas partes y parecería que tampoco a nadie le interesa. O por último, se la compra con un like.

La sociedad de la información, el conocimiento y la comunicación ha problematizado aún más esa búsqueda por cuanto la vertiginosa acumulación y actualización de datos, le obstaculizan al sujeto a discriminar la información en términos de calidad, utilidad y oportunidad. La biblia moderna es la data digitalizada en Google, el diccionario es Wikipedia y la dimensión audiovisual es Youtube. Daría la impresión que fuera de estas herramientas, la soledad podría invadir a quien descubre el mundo desde la esfera virtual si no tiene acceso a la red.

¿Pero cuánto de lo que circula en la red nos podría hacer libres? El cálculo es harto complejo, pues la búsqueda de información depende en estricto sentido de la formación de los internautas. Entonces, todo puede suceder en este contexto. Desde el mismo hecho de dotarle de un estatus sobredimensionado a un meme hasta restarle valor a un informe de altísima calidad sobre democracia, pasando por viralizar una noticia falsa que puede hacerse eco en cuestión de segundos en todo el mundo. De ahí que la democratización del conocimiento debe matizar el debate, no solo en lo que se refiere a conectividad y acceso, sino en la alfabetización: consumo, producción y circulación de contenidos.

La máxima de Santo Tomás, ver para creer, pierde fuerza en la sociedad red, pues todo puede ser alterado en la posibilidad de hacer falso lo cierto y viceversa. El reto de la pedagogía es educar la mirada en un espacio que vaya de lo off line (real) al mundo on line (virtual) y viceversa.

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