La pandemia somos nosotros

Diego Cazar Baquero

El mundo tiembla con la expansión del coronavirus como tembló con el SARS, con la AH1N1, con la gripe aviar, la porcina, la peste negra o el VIH. Es curioso que no aceptemos que el modelo de producción que hemos elegido es la causa principal de estas amenazas.

En 2003, luego de que por fortuna se detuvo el SARS, que mató a 774 personas, el científico Peter Daszak aseguró que el lugar más proclive a convertirse en caldo de cultivo de un virus y de enfermedades es “un bosque tropical donde alguien acaba de construir una concesión minera”.

Daszak es presidente de la EcoHealth Alliance y ayudó a identificar al murciélago que originó el SARS. Para él, la llegada de gente foránea para trabajar en las industrias extractivas fuerza a hábitos de alimentación que rompen con el ecosistema, propagan contaminación cruzada y engendran virus. Y Daszak cree que los mercados de carne animal son igual de mortíferos. El brote del coronavirus se situó, precisamente, en el tradicional mercado húmedo mayorista de la ciudad china de Wuhan, una urbe de 11 millones de habitantes en menos de 8 500 kilómetros cuadrados –un área similar a la de la provincia de Azuay– que opera como centro económico del coloso asiático y que colinda con la hidroeléctrica de las Tres Gargantas, la más grande del planeta.

La deforestación para instalar plantas agroindustriales, las concesiones mineras y petroleras, la ganadería intensiva y la descontrolada expansión urbana como panacea de progreso convierten al mundo en una bomba de tiempo para la humanidad. Sin ir muy lejos, Brasil, Colombia, Bolivia y Perú constan en la lista mundial con más bosques arrasados durante el 2018, y Ecuador ostenta el mayor índice de deforestación en la región en relación con su superficie. Las ideas de desarrollo y progreso son el fracaso humano que la naturaleza nos restriega en la cara. Al planeta le basta sacudirse un poco para deshacerse de aquello que le estorba, y la verdadera pandemia somos nosotros. ¿Acaso no queremos ver el absurdo en el que sostenemos nuestra vida como especie?

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