El plan económico

EDUARDO CHIRIBOGA APONTE

El demorado plan económico del gobierno, representa un reconocimiento oficial a que lo actuado por Correa deja mucho que desear. Abre las esperanzas para que, a mediano plazo, el motor de crecimiento del país sea la empresa privada con sus recursos y no gracias al exagerado y oscuro gasto público, respetuosa con las leyes y con el medio ambiente. Este imprescindible cambio de óptica es un tácito cambio de modelo. No lo fue expresamente, única y exclusivamente, para darle algo de oxigeno extra a la “franquicia” de la disque revolución, no sellando aún su fracaso.

El poco énfasis que se puso en el esperado anuncio del presidente Moreno sobre la ofrecida cirugía mayor y la recuperación del dinero hurtado, hace pensar que hay en el Gobierno mucha “ropa tendida” y meterles el dedo en la llaga terminaría salpicando a personas que tienen que parecer incólumes e intachables, pues, se les ha delegado la enorme tarea de enrumbar a la Patria hacia la confianza, como consecuencia de la transparencia exigida y hacia el progreso. No obstante, creo que el tener apenas a un “palo grueso” preso y por un delito menor, deja con una inmensa deuda a Moreno ante el país.

El problema de la puesta en vigencia del plan de Moreno, va a ser el difícil y obsecuente cumplimiento del mismo por parte de ciertos ministros, incondicionales del exmandatario. Este conjunto de buenas intenciones, cuyo éxito se verá a mediano plazo, dependerá del bloqueo de la gente de bien, al sabotaje, que de seguro ya están planificándolo desde algún ático y a las instrucciones que les vayan impartiendo a ciertos altos funcionarios alienados, cómplices del desastre fiscal, de la corrupción y de la legalizada impunidad que fue planificada por una maquiavélica y delincuencial organización que nos gobernó por más de una década.

Por último, cabe señalar, que este plan es de estabilización fiscal, mas no contempla el desarrollo del sector agropecuario de manera prioritaria e integral en las cadenas productivas, pues, ofrecer créditos supuestamente blandos a un productor que vende el fruto de su esfuerzo a precio de gallina enferma y con altos costos al libertino intermediario, es mantener al sector rural en su trágica supervivencia.

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