Difícil encrucijada

EDUARDO CHIRIBOGA APONTE

La actualidad política nacional está atravesando por una encrucijada. Por un lado tenemos al presidente Moreno intentando imprimir su huella personal a su gestión, institucionalizando el diálogo como estrategia para una democrática administración que contraste con su antecesor y por otro lado, al ex, que no ha podido dormir tranquilo ni un solo día desde que llegó a Bélgica, pues, su hombre de confianza, Jorge Glas, está muy cerca de que ni la sobreprotección de la Asamblea, de la Procuraduría y de la Fiscalía juntas puedan encubrir su supuesta vinculación a la corrupción galopante en la administración anterior.

Incómoda posición la de Moreno. Es obvio que él sabía de las monstruosidades cometidas durante los diez años pasados; pero recién hace pocos días ha aceptado abiertamente las irresponsabilidades cometidas. No obstante, Diego Martínez, Fausto Herrera y Patricio Rivera son aún parte de su equipo económico, lo que abre dudas de la sinceridad de sus afirmaciones. Es más, la cantidad de twists insultantes del ex, evidenciando su pánico a que se haga una nueva auditoría, tanto a la deuda, como a su gestión; sumado a la descomedida carta que Glas le remitiera el miércoles anterior, lo ponen al filo de la navaja.

O acepta su sometimiento al líder de AP, o renueva su equipo e inaugura la lucha contra la corrupción, caiga quien caiga, él incluido y que “el último en salir apague la luz”. Sin embargo, lo más probable es que el tiempo, las excusas y dilaciones legales logren que muy poco acontezca y que la gestión de Moreno vaya luciéndose de a poco, así tenga que asimilar sus acciones a lo que ofreciera su contrincante en la campaña electoral. Lo que cuenta son los resultados y la confianza que se vayan dando, así haya ese 28% que representa al voto duro de AP, siga pensando que el desarrollo a base de deudas y acaparamiento de todas las instancias del poder, sea positivo. Estaremos atentos al desenlace.

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