Desaparecida

Roque Rivas Zambrano

Era sábado cuando Juliana Campoverde, de 19 años, salió de su casa con destino a su tienda de productos naturales. Tenía que caminar cinco cuadras. Sin embargo nunca llegó a su destino. Desde aquel día, su madre, Elizabeth Rodríguez, no ha tenido paz. Viajó por todo el país, pegó cientos de posters con fotografías; participó en plantones y marchas, con la esperanza de que alguien, en algún momento, le diera información del paradero de su hija.

Han pasado seis años desde la última vez que vio a Juliana. Elizabeth está segura que los pastores de la iglesia a la que asistieron, por casi diez años, están implicados en la desaparición. Un peritaje que realizó la Policía confirma esta sospecha, al determinar que el último mensaje que escribió la joven fue desde el computador de uno de los religiosos. A pesar de estos indicios, los posibles responsables están libres y no tienen cargos en su contra.

Hasta este año, el expediente de Juliana contaba con siete mil cien hojas -a las que tuvieron acceso 11 fiscales- y cero respuestas. Aún cuando el proceso burocrático resultó una odisea, guardan la esperanza de que la fiscal a cargo en la actualidad -la número 12- agilice el proceso.

El martes, como parte de un proceso de visibilización, y en conmemoración del cumpleaños número 25 de Juliana, los familiares -junto a colectivos como Luna Roja– organizaron un plantón afuera de la Confraternidad Evangélica Ecuatoriana para exigirles a sus miembros respuestas. Aunque la organización envió un comunicado solidarizándose con los allegados de Juliana, fue enfática en decir que no puede hacerse responsable por el proceder de los presuntos implicados.

Ante este panorama, todos se preguntan: “¿Dónde está la justicia?”. A lo que el resto, sin pensar, responde: “Desaparecida”.

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